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IMPA
Incremento Matutino de la Presión Arterial
CAPITULO 6
Aproximación
cronoterapéutica para el control de la presión arterial durante las 24
horas: las horas cruciales.
Introducción
Existen numerosos estudios que nos informan acerca del grado de control
de la PA en la población hipertensa. La medición de la PA en estos
estudios ha sido registrada en el consultorio por parte del médico o de
la enfermera, es la llamada PA de la consulta o PA casual (PA clínica),
que hemos de diferenciar de la PA ambulatoria obtenida con la MAPA. La
PA casual sólo representa un momento del perfil circadiano de la PA a
lo largo de las 24 horas y está sujeta en la mayoría de los individuos
a diversos factores que la pueden modificar, entre los que se encuentra
el efecto de bata blanca (reacción de alerta ante la toma de la PA).
De
acuerdo con las nuevas directrices del 6º Informe del Joint National
Committee (JNC-VI) (1) y de la Sociedad Internacional de Hipertensión-Organización
Mundial de la Salud (SIH-OMS) (2), el control de las cifras elevadas de
PA se establece en unos niveles por debajo de 140/90 mmHg, pero sería
aconsejable llegar a los niveles de normalidad (por debajo de 130/85
mmHg), especialmente en pacientes con diabetes mellitus, insuficiencia
cardíaca o insuficiencia renal. Incluso se proponen niveles inferiores
en pacientes con proteinuria superior a 1 g/24 h (aconsejable por debajo
de 125/75 mmHg).
De acuerdo con todas estas orientaciones el grado de
control de la PA en la población hipertensa deja mucho que desear.
Diversos estudios realizados fuera y dentro de nuestro ámbito indican
que el objetivo terapéutico del tratamiento farmacológico no llega al
50%, y lo más habitual es que sólo una cuarta parte de los pacientes
estén controlados, si nos atenemos a las cifras recomendadas por
aquellos organismos. Así, en nuestro medio, varios trabajos recientes
confirman el pobre control de la PA alcanzado en los pacientes españoles.
Banegas et al. (3) estudian en una muestra representativa de la población
española de 2.021 individuos, los niveles de PA, el grado de
consciencia de ser hipertenso, el tratamiento y el grado de control.
Entre los pacientes hipertensos sólo el 44,5% eran conscientes de
serlo, y de éstos el 71,9% estaban recibiendo tratamiento farmacológico
(el 32% de todos los hipertensos), y sólo el 15,5% estaban controlados
(el 5% de los hipertensos), entendiendo por control unas cifras
inferiores a 140 mmHg de PA sistólica y de 90 mmHg de PA diastólica.
Este estudio, realizado en el año 1990, muestra unos resultados algo
desalentadores. El 95% de la población española tomada en su conjunto
no sabe que es hipertensa, o si lo sabe no está tratada, o si está
tratada no está controlada según las recientes recomendaciones del
JNV-VI y de la SIH-OMS. Estos resultados, según otro reciente estudio
de control de la HTA en España, no han mejorado substancialmente (4).
Así, según este estudio de A. Coca, sólo el 16,3% de los hipertensos
presenta un control estricto de la PA (inferior a 140/90 mmHg), sólo el
30,2% presenta un control de la PA sistólica (inferior a 140 mmHg) y el
42,6% un control de la PA diastólica (inferior a 90 mmHg).
A lo largo de los temas que se han ido desarrollando en la monografía,
queda resaltada la importancia del control de la PA no sólo en un
momento puntual del día, sino durante las 24 horas. Prácticamente
pocos son los estudios que valoran la eficacia del control de la PA en
hipertensos tratados farmacológicamente durante las 24 horas (ver
addendum). La presentación circadiana de los eventos cardiovasculares,
nos indica que las primeras horas de la mañana han de formar parte del
esquema terapéutico de cualquier hipertenso, constituyen unas horas
cruciales.
Por todo ello, el enfoque actual del tratamiento de la HTA ha
de ser realizado desde un punto de vista cronoterapéutico, en el que se
tenga en cuenta las 24 horas del día, el patrón circadiano de la presión
arterial y el patrón circadiano de sus complicaciones. En suma, se ha
de considerar un enfoque cronoterapéutico. La meta que se ha de
alcanzar es que la PA esté controlada las 24 horas del día.
Cronoterapia
Hemos de tener presente que todos los organismos vivos, incluyendo el
hombre, se organizan en función del tiempo. Por ello es lógico
establecer que no sólo la cantidad “correcta” de la substancia
“correcta” ha de estar en el lugar “correcto”, sino también en
el tiempo “correcto” (5). Esto cobra mayor importancia cuando un
organismo o individuo tiene que actuar o reaccionar lo más
favorablemente posible ante unas condiciones ambientales o bióticas,
que ya son por sí mismas extremadamente períodicas.
Por este motivo,
los compuestos exógenos, incluyendo los fármacos, pueden variar en su
finalidad dependiendo del tiempo de exposición. En los últimos años
se ha puesto de manifiesto que tanto la farmacocinética como la
farmacotoxicidad de varios fármacos, pueden variar en función de la
hora del día de su administración. La cronocinética de un fármaco
hace referencia a las diferencias producidas, según su hora de
administración, en cuanto a su absorción, distribución y eliminación.
La cronocinética de un fármaco puede variar según la dosis y la
formulación en la que ha sido preparado.
Así, algún preparado puede
tener una tasa de disolución que sea pH dependiente, con lo que la
farmacocinética del fármaco puede variar según se administre por la
mañana o por la noche, donde las condiciones de pH en el estómago
difieren. Varios fármacos pueden tener un comportamiento cronocinético,
como es el caso de benzodiacepinas, agonistas y antagonistas de los
receptores beta, antiinflamatorios no-esteroideos, etc. Un aspecto de
suma importancia y poco estudiado de la cronofarmacología lo constituye
la cronoestesia, que se define como las diferencias producidas en los
efectos de un fármaco (deseados o no) según la hora de su administración.
Ello se debe a que el número de receptores, las vías metabólicas y la
unión a proteínas con el fármaco pueden variar según la hora del día.
Un efecto cronoestésico ha sido descrito en varios grupos farmacológicos,
como analgésicos, anticoagulantes, betabloqueantes, etc.
La cronoterapia supone una aproximación al tratamiento que tenga en
cuenta las variaciones circadianas. Más específicamente, se define a
la cronoterapia como la liberación de unas cantidades del fármaco a lo
largo de las 24 horas, que tenga en consideración la presentación
circadiana de la enfermedad o de los síntomas del proceso patológico
en cuestión (6). En el caso de la hipercolesterolemia, por ejemplo, la
administración de los inhibidores de la 3-hidroxi-3-metilglutaril
coenzima A reductasa se realiza por la noche, dado que el metabolismo
del colesterol es más activo en el período nocturno.
Las crisis asmáticas
se intensifican en las primeras horas de la noche, por lo que la
administración de teofilina tiene que cubrir particularmente ese período.
Para una misma patología la administración horaria puede ser
diferente. Es el caso de la úlcera péptica, que se acentúa por la
noche, se recomienda la administración de los antagonistas de los
receptores de la H2 por la noche, mientras que los inhibidores de la
bomba de protones es preferible darlos por la mañana. Un aspecto donde
la cronoterapia muestra toda su relevancia es en aquellas situaciones
patológicas donde el riesgo o la intensidad de los síntomas varían de
una forma predecible en el tiempo.
En algunos casos está bien claro que
la relación entre el efecto terapéutico y el efecto tóxico dependen
de ciertos determinantes cronobiológicos. Por ello la cronoterapia
merece especial atención en las circunstancias enumeradas en la Tabla
1.
Tenemos varios ejemplos de varios síntomas que varían
predeciblemente a lo largo de las 24 horas. Es el caso de la rinitis alérgica,
del asma, de ciertos tipos de artritis, del dolor post-quirúrgico, de
la enfermedad ulcerosa, del dolor migrañoso, y de los accidentes
cardiovasculares, como ha sido descrito ampliamente en esta monografía.
El inicio de la cronoterapia, sin estar entonces definida esta
disciplina, se remonta al tratamiento con corticoides en el asma, hace más
de treinta años. Se observó que la administración de corticoides por
la noche podía tener serios efectos adversos al suprimir el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal.
Se consideró administrar en una sola toma matutina, o en una toma
diaria o a días alternos, incrementándose la dosis matutina, pero no
el número de tomas en caso de precisarse.
En la última década, una
aproximación cronoterapéutica más fisiológica del asma consiste en
administrar las 2/3 partes de la dosis por la mañana y el tercio
restante a las 8 horas siguientes. Esta última forma de administración
es más razonable dado que se reproduce el patrón circadiano endógeno
de liberacion de corticoides, mejorando la eficacia y disminuyendo los
efectos secundarios.
Tabla 1.
Circunstancias en las que la cronoterapia cobra especial
relevancia |
| Cuando los
síntomas varían de forma predecible a lo largo de las 24 h |
| Cuando la
relación terapéutica/tóxica depende de determinantes
cronobiológicos |
| Cuando la
farmacocinética/dinámica es influenciada por diferentes ritmos |
| En la
farmacoterapia hormonal |
| Cuando el
efecto deseado sólo se puede conseguir de una forma rítmica |
Donde la cronoterapia está cobrando especial relevancia es en el
tratamiento cardiovascular y, particularmente, en el tratamiento de la
hipertensión arterial. El estudio de la PA a lo largo de las 24 horas,
con un marcado acento circadiano en las primeras horas de la mañana con
respecto a los valores nocturnos, nos obliga a contemplar el tratamiento
de la HTA desde una perspectiva cronoterapéutica, máxime cuando hemos
visto a lo largo de esta monografía la importancia de este intervalo
horario (el matutino) en el que se concentran la mayoría de los
episodios cardiovasculares agudos. Vamos a dedicar con más atención un
apartado a la cronoterapia de la HTA, pero antes abordaremos la
importancia de la PA nocturna, que ya ha sido tratada en parte en el capítulo
3. El comportamiento de la PA por la noche y sus valores de normalidad
son fundamentales para abordar el tratamiento de la PA de las 24 horas y
de las horas matutinas.
Presión arterial nocturna
Está bien establecido que la presión arterial disminuye por la noche,
coincidiendo con el reposo y el sueño. En el capítulo 3 ya se ha
resaltado la importancia de este descenso y su relación con el sueño.
A los sujetos en los que desciende la presión arterial por la noche se
les llama “dipper” y a aquellos en los que la presión arterial no
decrece por la noche se les denomina “no dipper” (7).
En general se
acepta una caída aceptable de la PA por la noche entre un 10% y un 20%
respecto a los valores diurnos. En la actualidad está adquiriendo cada
vez más importancia la hipótesis de que los pacientes hipertensos con
un perfil de presión arterial “no dipper” podrían tener un peor
pronóstico que los sujetos hipertensos con un patrón normal de caída
de la presión arterial por la noche (“dippers”) (8). Así pues,
durante la noche la presión arterial ha de estar también controlada.
Ahora bien, ¿Cuál es la presión arterial nocturna normal? ¿Cuál es
la relación entre presión arterial nocturna y afectación orgánica?
No está del todo establecido cuáles son las cifras de presión
arterial nocturna normales, y a partir de qué valor considerarlas
elevadas. La dificultad estriba en las diferentes aproximaciones
utilizadas para definir una presión arterial ambulatoria normal. Por
otra parte, nos encontramos en la imposibilidad ética de seguir
prospectivamente a una población de sujetos con una determinación de
presión arterial ambulatoria de 24 horas sin tratamiento médico para
observar qué número de eventos cardiovasculares se presentan, cuando
estamos convencidos que deberían ser tratados en base a su presión
arterial convencional o casual.
En general, los límites por encima de
los cuales habría que considerar como hipertensión arterial serían
una media de 137/85 mmHg durante el día, y una media de 120/70 mmHg
durante la noche (9). El JNC-VI al que hemos hecho referencia
anteriormente considera como normal, en base a diferentes valores de
referencia publicados con la PA ambulatoria, una media de PA durante la
noche inferior a 120/75 mmHg (1). Existen bastantes estudios que han
correlacionado la presión arterial ambulatoria con la afectación orgánica
atribuida a la hipertensión arterial. La PA ambulatoria se correlaciona
más estrechamente con la afectación orgánica que las medidas
convencionales de PA (PA casual).
La correlación con la presión
arterial nocturna es también superior a la presión arterial casual, y
en sujetos hipertensos que no han recibido nunca tratamiento es superior
a la presión arterial diurna (10). La caída de la presión arterial
por la noche, también es un predictor sensible a la afectación orgánica.
En los sujetos “no dipper”, se ha observado un aumento de la masa
ventricular izquierda (11,12). Sin lugar a dudas el cerebro es el órgano
más sensible a las acciones negativas de la HTA, y sin embargo se han
realizado pocos estudios correlacionando la presión arterial
ambulatoria con su afectación. Shimada et al. (13) realizaron un
estudio donde observaron que las lesiones de la substancia blanca
periventricular se asociaban con la presión arterial ambulatoria de las
24 horas, y no con la presión arterial convencional.
La relación aún
fue más estrecha con la presión arterial nocturna. Estos autores
observaron además, en hipertensos ancianos, que el nivel de descenso de
la presión arterial por la noche puede predecir el grado de afectación
orgánica cerebral (14). También se ha descrito que los hipertensos con
un patrón de presión arterial “no dipper” presentan más
accidentes cerebrovasculares que los “dipper” (7). No obstante no
todos los estudios han demostrado una superioridad de la presión
arterial nocturna sobre la diurna en cuanto a repercusión orgánica. Así,
Fagard et al. (15), con la finalidad de observar el grado de correlación
entre la masa ventricular izquierda y la diferencia día-noche de presión
arterial, realizaron un meta-análisis de 19 estudios comparativos que
incluían un total de 1.223 pacientes.
Observaron que la presión
arterial nocturna se correlacionaba igual o discretamente menos que la
presión arterial diurna con el índice de masa ventricular izquierda.
Además, en la mitad de los estudios en los que se analizó la relación
entre la diferencia día-noche de presión arterial y masa ventricular
izquierda, no se detectó una correlación significativa.
El estudio de los factores fisiológicos que determinan el status
“dipper” y los mecanismos fisiopatológicos que determinan el status
“no dipper” no son del todo conocidos. Diversos factores ambientales
pueden determinar el ritmo circadiano de la PA, como es el caso del
tabaco y la ingesta de alcohol o sodio. De hecho, se ha observado en
hipertensos negros de Sudáfrica unos valores nocturnos de PA mayores
que en hipertensos blancos, y parece que está más en relación con
cambios ambientales, que con determinantes genéticos (16).
El ritmo
circadiano de la PA y de la frecuencia cardíaca están estrechamente
relacionados con la actividad del sistema nervioso simpático. En la
fase del sueño no-REM, la disminución de PA y de FC se asocian a un
decremento del estímulo simpático hacia el corazón, hacia el
territorio vascular muscular y hacia la piel (17). Durante el descanso
nocturno los niveles de catecolaminas descienden. Sin embargo, durante
el sueño descienden más los niveles de adrenalina que los de
noradrenalina. En el momento del despertar se incrementan los niveles de
adrenalina, mientras que con el ortostatismo y el inicio de la actividad
se incrementan más los niveles de noradrenalina (18). En los capítulos
2 y 3 se desarrollaron más estos aspectos.
Cronoterapia de la HTA
El tratamiento farmacológico de la HTA en la actualidad se ha intentado
simplificar al máximo, procurando que el paciente tenga que tomar la
medicación una sola vez al día. Con ello no sólo se consigue
facilitar el tratamiento al paciente, sino que está demostrado que se
mejora el cumplimiento o adherencia al tratamiento farmacológico (19).
Uno de los factores que ha contribuido a la falta de control de la presión
arterial en la población hipertensa, ha sido precisamente la falta del
cumplimiento.
A mayor número de tomas de un fármaco a lo largo del día,
menor es el cumplimiento por parte del paciente. Por ello, a cualquier fármaco
que ha aparecido en los últimos años para tratar la HTA, se le ha
exigido que su acción antihipertensiva sea eficaz con una sola toma al
día. La valoración de la eficacia de un fármaco a lo largo de las 24
horas se hace mediante el índice valle-pico (trough to peak), que ha
sido comentado en el capítulo 3. En suma, el índice valle-pico (trough
to peak ratio) o índice TP no es más que la relación entre la
disminución de presión arterial al final del intervalo de la dosis
(valle) y la máxima disminución conseguida después de administrar el
fármaco (pico). Se suele expresar en tanto por ciento.
En la
Figura
1
se aprecia el significado del índice TP de dos fármacos. El
fármaco A tiene un índice TP del 80% y el fármaco B del 33%. Obsérvese
cómo el fármaco A consigue su efecto máximo de 25 mmHg de reducción
de la presión arterial sistólica a la hora 6ª después de su
administración, y al final del intervalo de dosificación todavía
conserva una disminución de 20 mmHg (Índice TP = 20/25 en % = 80%).
Por el contrario, el fármaco B, aunque consigue una disminución de
presión arterial sistólica de 30 mmHg (en la 4ª hora), tiene un índice
TP del 33%, dado que la disminución de presión arterial sistólica
residual al final del intervalo de dosificación, es de 10 mmHg (Índice
TP = 10/30 en % = 33%).
En este ejemplo se observa claramente el
significado del índice TP. En el caso del fármaco B, se consigue una
buena disminución de la presión arterial sistólica en el pico,
incluso superior a la del fármaco A. Sin embargo, al final del
intervalo de dosificación, a la hora 24 de su administración, el fármaco
B sólo conserva una disminución de la presión arterial de la tercera
parte. Para este mismo fármaco y a la hora 12 después de su
administración, la disminución de la presión arterial sistólica
sigue siendo de 25 mmHg, por lo que el fármaco B si lo administráramos
cada 12 horas tendría un índice TP del 83% (25/30 = 83%).
|

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| Figura
1. Índice
valle/pico (TP) en dos fármacos. El fármaco A con un índice
del 80% y el B del 33% (ver texto). |
Un índice TP inferior al 50%-66% para un intervalo de dosificación de
24 horas, indica muy probablemente que ese fármaco se tendría que
administrar como mínimo 2 veces al día. El índice TP es una medida
que nos ayuda a escoger el intervalo de dosificación de un fármaco. Un
índice TP adecuado evita descensos bruscos en las primeras horas y una
ineficacia en las últimas horas (antes de la nueva toma del fármaco),
con lo que se evita un incremento de las oscilaciones de la presión
arterial.
Si bien se ha asociado un incremento de la variabilidad de la
presión arterial con la afectación de órgano diana (20), hoy por hoy
no se ha demostrado en estudios prospectivos diseñados a tal fin que un
buen índice TP se asocie a una disminución de la morbimortalidad
cardiovascular asociada a la hipertensión arterial. Teóricamente, un fármaco
con un buen índice TP cubre mayormente el ascenso matutino de la presión
arterial, (que es el momento en el que se concentran la mayoría de los
eventos cardiovasculares).
Estudios donde se analice la eficacia durante las 24 horas comparando la
administración matutina o la nocturna, o estudios donde se compare la
eficacia entre diferentes fármacos durante las 24 horas realizando un
análisis por bloques, nos permiten acercarnos al tratamiento de la HTA
desde un punto de vista cronoterapéutico. No existen muchos estudios
bajo este enfoque, bien diseñados y con un análisis estadístico
apropiado, no obstante veamos algunos de los más relevantes.
Palatini
et al. (21) estudian los efectos sobre la PA de 24 horas de la
dosificación matutina frente a la vespertina de un inhibidor de la ECA
(Quinapril), en una sola toma diaria en un estudio doble ciego. Simultáneamente
midieron la variación circadiana de la producción de angiotensina II.
En este estudio se observó que la dosis que se administró por la noche
producía un mayor descenso de la presión arterial durante la noche,
con respecto a la administración matutina del fármaco (ver
Tabla 2). Sin embargo, la reducción de la PA a lo largo del día
fue similar en ambos grupos. También se redujo en mayor intensidad la
producción de angiotensina II por la noche cuando el Quinapril se
administraba por la noche.
Para estos autores, pues, la administración
nocturna de Quinapril indujo un control superior de la PA a lo largo de
las 24 horas. Picketing et al. (22) realizaron un estudio multicéntrico
en 111 hipertensos esenciales a los que se les administró Doxazosina en
una única toma por la noche. Los pacientes fueron valorados mediante
una MAPA antes de iniciar el tratamiento y tras 8 semanas de
tratamiento, previamente ajustado según la PA convencional. Se inició
con una dosis de 1 mg por la noche y se incrementó semanalmente hasta
conseguir una PA diastólica inferior a 90 mmHg o una reducción de 10
mmHg con respecto a los valores basales. La dosis máxima alcanzada fue
de 16 mg.
El análisis de la reducción de PA se hizo por bloques, como
se describe en el capítulo 3. Se valoraron 4 intervalos de 6 horas: de
las 24:00 a las 05:00 horas, de las 06:00 a las 11:00 horas, de las
12:00 a las 17:00 horas y de las 18:00 a las 23:00 horas. La disminución
de PA sistólica y diastólica respectivamente en cada uno de estos períodos
fue de 5/5 mmHg, 10/9 mmHg, 8/6 mmHg y 5/5 mmHg. La mayor reducción se
consiguió en el intervalo de las 06:00 a las 11:00 horas de la mañana
(10/9 mmHg). Kario y Shimada (23) realizaron un interesante estudio
donde administraron Amlodipino por la mañana en 55 pacientes
hipertensos ancianos. Los sujetos se agruparon en función de la
disminución de la PA nocturna en tres grupos: “no dippers” (reducción
de la PA nocturna inferior al 10%), “dippers” (reducción entre el
10% y el 20%) y extremadamente “dippers” (reducción superior al
20%). La PA casual y la PA diurna eran similares en los tres grupos.
La
administración de amlodipino consiguió una reducción de la PA diurna
similar en los tres grupos. Sin embargo, la PA nocturna se redujo
significativamente en los “no dippers”, y en menor medida en los
“dippers”. En los extremadamente “dippers” no se objetivó una
disminución de la PA por la noche (ver
Tabla 3). Este estudio demuestra que la administración de un
calcioantagonista con una vida media larga desciende la PA por la noche
en función de los niveles de la PA nocturna, de forma que cuanto más
elevada se encuentra, mayor es el descenso nocturno. White et al. (24)
estudian mediante la MAPA la acción de la administración matutina o
nocturna del nisoldipino (calcioantagonista dihidropiridínico) en una
formulación de liberación lenta en 85 hipertensos.
Después de una
fase de placebo los pacientes fueron randomizados a 20 mg de nisoldipino
en toma matutina o toma vespertina durante 4 semanas y posteriormente se
cruzaron durante 4 semanas más para recibir la dosis por la noche (los
que la recibían por la mañana) y viceversa. Los valores basales de PA
y los cambios según la administración fuera matutina o vespertina
pueden verse en la Tabla
4. Los cambios medios durante las 24 horas con respecto a los
niveles basales no variaron según la administración fuera diurna o
nocturna. No obstante, se observó una reducción significativamente
superior en el período diurno cuando la administración se realizó por
la mañana. Así mismo, se observó un significativo incremento de la
frecuencia cardíaca en las primeras horas de la mañana cuando
nisoldipino se administró por la noche.
| Tabla
2. Presiones arteriales diurnas y nocturnas después de placebo
y de dos regímenes de administración de Quinapril (8 versus 20
horas) en 20 pacientes. |
PA (en
mmHg)
Parámetro |
Valores
basales
Placebo
|
Quinapril
Administración
matutina
|
Quinapril
Administración
nocturna
|
| PAS diurna |
154 ± 16
|
138 ± 16
|
137 ± 14
|
| PAD diurna |
101 ± 7
|
89 ± 9
|
90 ± 9
|
| PAS
nocturna |
140 ± 15
|
132 ± 20
|
127 ± 18
|
| PAD
nocturna |
90 ± 7
|
83 ± 10
|
81 ± 9
|
| FC (24
horas) |
73 ± 9
|
71 ± 10
|
72 ± 8
|
PA
= presión arterial. PAS = PA sistólica. PAD = PA diastólica.
FC = Frecuencia cardíaca. (21) |
| Tabla
3. Reducción de PA por la noche en tanto por ciento después de
administrar Amlodipino a las 8 horas de la mañana con respecto
a los valores basales en hipertensos ancianos según el perfil
de PA nocturna |
Reducción
de PA
nocturna (en %) |
Extremadamente
dippers
|
Dippers
|
No-dippers
|
| PAS |
-0.56 ±
8.7%
|
8.9 ± 10%*
|
13 ±
7.8%**
|
| PAD |
-2.0 ± 10%
|
8.3 ± 11%*
|
11 ± 10%**
|
| PAS
= presión arterial sistólica. PAD = presión arterial diastólica.
* p<0.05 con respecto a los extremadamente “dippers”. **
p<0.01 con respecto a los extremadamente “dippers”. (23) |
| Tabla
4. Presiones arteriales basales con placebo y cambios medios de
PA tras la administración matutina o nocturna de Nisoldipino
retard en 85 hipertensos. |
PA
(en mmHg)
Parámetro |
Valores
basales
Placebo
|
Nisoldipino
retard
Administración matutina
|
Nisoldipino
retard
Administración nocturna
|
| PAS
diurna |
151.1 ±
14.5
|
-12.6 ±
0.7
|
-11.3 ±
0.7, NS
|
| PAD
diurna |
94.0 ± 9.1
|
-8.1 ± 0.4
|
-6.4 ±
0.4, p=0.01
|
| PAS
nocturna |
135.5 ±
16.1
|
-11.4 ±
0.9
|
-13.3 ±
0.9, NS
|
| PAD
nocturna |
79.8 ± 9.8
|
-6.4 ± 0.7
|
-7.6 ±
0.7, NS
|
| Incremento
matutino de PAS |
150.6 ±
14.3
|
-12.2 ±
0.9
|
-14.2 ±
0.9, NS
|
Incremento
matutino
de PAD |
94.8 ± 9.2
|
-8.1 ± 0.7
|
-8.8 ±
0.7, NS
|
| Incremento
matutino de FC |
78.1 ± 9.2
|
0.5 ± 0.7
|
3.5 ±
0.7, p<0.01
|
PA
= presión arterial. PAS = PA sistólica. PAD = PA diastólica.
FC = Frecuencia cardíaca. NS = No significativo. (24) |
Lacouciere et al. (25) comparan la eficacia antihipertensiva durante las
24 horas entre Telmisartan (un antagonista de la angiotensina II),
Amlodipino y placebo mediante la MAPA. Después de una fase inicial de
placebo de 2 semanas, 81 pacientes se randomizaron a placebo, 73 a
Telmisartán y 78 a Amlodipino en un doble ciego de 12 semanas. La dosis
de Telmisartan se ajustó entre 40 y 120 mg/día en toma diaria y la de
Amlodipino entre
5 y 10 mg/día para conseguir una PA diastólica casual inferior a 90
mmHg. La reducción de la PA casual al final del estudio fue similar con
ambos fármacos. Los valores globales de descenso durante las 24 horas
según la MAPA fueron similares con los dos fármacos.
El análisis por
bloques, mostró sin embargo un mayor descenso con Telmisartan en el período
nocturno y en el período de las últimas 4 horas (antes de la
administración de la dosis matutina), que alcanzó significación estadística
para la PA diastólica (ver
Figura 2). Es interesante resaltar también de este estudio que
se observa una frecuencia cardíaca matutina inferior en los pacientes
tratados con Telmisartan con respecto a Amlodipino.
También
recientemente se ha comparado la eficacia antihipertensiva durante 24
horas de dos antagonistas de la angiotensina II mediante el análisis
por bloques. Así Mallion et al. (26) comparan en 223 hipertensos
esenciales Losartan frente a Telmisartan en un estudio doble ciego de 6
semanas de duración. Se observa que tanto en el período de las 24
horas como en el período de las 18 a las 24 horas después de la
administración del fármaco Telmisartan 40 mg y Telmisartan 80 mg
reducen significativamente la PA sistólica y diastólica con respecto a
Losartan 50 mg (ver
Tabla 5).
Este tipo de análisis mediante la MAPA permite
detectar sutiles diferencias en el control de la PA en diferentes
intervalos horarios. En este caso se observa cómo es posible reducir
significativamente la PA en las últimas horas tras la administración
de Telmisartan, controlando más eficazmente el incremento matutino de
PA.
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| Figura
2.Comparación
de la eficacia antihipertensiva a lo largo de las 24 horas de
Telmisartan y Amlodipino frente a placebo (ver texto). |
| Tabla
5. Reducción de PA con Losartan y Telmisartan frente a placebo
durante las 24 horas, en el período de 18-24 horas después de
administrar el fármaco, y a la hora 24 (valle) en la consulta
en 223 pacientes con HTA ligera-moderada |
| Período
estudiado |
Placebo
|
Losartan
50 mg
|
Telmisartan
40 mg
|
Telmisartan
80 mg
|
| PAS
24 h |
-1.8
|
-8.0*
|
-11.5**
|
-13.3**
|
| PAD
24 h |
-0.8
|
-4.9*
|
-7.4**
|
-8.4**
|
| PAS
18-24 h |
-2.3
|
-6.0
|
-10.7**
|
-12.2**
|
| PAD
18-24 h |
-1.3
|
-3.7
|
-6.8**
|
-7.1**
|
| PAS
casual (valle) |
-4.8
|
-10.3*
|
-14.2*
|
-15.9**
|
| PAD
casual (valle) |
-3.5
|
-6.0
|
-8.6*
|
-9.7**
|
PAS
= PA sistólica. PAD = PA diastólica. 24 h = intervalo de las
24 horas analizado con la MAPA.
18-24 h = intervalo de la hora 18 a la hora 24 después de
administrar el fármaco analizado con la MAPA.
* p<0.05 comparado con placebo. ** p<0.05 comparado con
Losartan 50 mg y con placebo. (26) |
¿A qué hora se debe administrar el fármaco
antihipertensivo?
A la luz de los datos hasta ahora analizados y lo comentado en capítulos
anteriores de esta monografía, la mejor hora de administración de un fármaco
es aquélla que permite controlar la PA a lo largo de las 24 horas. Es
en las primeras horas de la mañana cuando este control es más
deficitario y es precisamente en este momento cuando se concentran la
mayoría de las complicaciones agudas cardiovasculares.
La administración
de un fármaco en una sola toma al día es la preferida, especialmente
en el tratamiento de la hipertensión arterial, dado que al igual que
otras situaciones crónicas la adherencia al tratamiento siempre es
mayor cuanto menos veces al día se tenga que administrar un fármaco.
Así pues, aquellos fármacos que preserven su eficacia con una sola
toma diaria serán los más aconsejables. En este caso la administración
puede ser matutina o por la noche.
La administración del fármaco por
la noche, parece controlar con más eficacia las primeras horas de la mañana,
especialmente con aquellos fármacos que actúan sobre el sistema adrenérgico,
como es el caso de la doxazosina (22), pero atenuándose su eficacia en
las horas vespertinas. Un inconveniente añadido a la administración
nocturna es el producir una disminución excesiva de la PA por la noche,
cuando ésta desciende fisiológicamente. Así se ha demostrado en la
administración por la noche de inhibidores de la ECA (27). Dado que los
cambios fisiológicos matutinos se acompañan de una activación del
sistema simpático, no es deseable un incremento de la frecuencia cardíaca
en este período del día. De hecho se ha sugerido un incremento de las
complicaciones cardíacas asociadas a tratamiento antihipertensivo con
activación adrenérgica concomitante (28).
Los modernos sistemas de liberación de fármacos tienen un enfoque
cronoterapéutico importante. En parte se han desarrollado ampliamente
para contrarrestar los efectos negativos asociados a la activación simpática
producida por calcioantagonistas de acción corta. Pero también con la
finalidad de prolongar la acción más allá de unas pocas horas y
conseguir un control de las 24 horas. La alternativa más reciente de
estos modernos sistemas de liberación permiten predecir la hora de
inicio de acción después de su administración y se han diseñado
pensando en su administración nocturna.
De esta forma podemos esperar
que su acción se inicie en las primeras horas de la mañana, cuando la
presión arterial se incrementa con más brusquedad en un intervalo de
tiempo relativamente corto. Así, mediante una formulación de liberación
tardía de verapamilo se ha conseguido retrasar el inicio de la acción
entre 4 y 5 horas después de su administración (29). No obstante, hoy
por hoy, no se dispone de ningún sistema de liberación que inicie su
acción más allá de las 5 horas. Esto dificulta enormemente la
administración nocturna, puesto que para observar una eficacia marcada
alrededor de las 7 horas de la mañana, el fármaco se tendría que
administrar a las 2 horas de la madrugada. Por el momento, estos
sistemas de liberación tras administración nocturna han permitido
controlar la hipertensión nocturna de pacientes “no dippers”,
conviertiéndolos en sujetos “dippers” (24). No obstante, la
administración nocturna no asegura un control en las horas vespertinas.
La única alternativa de que disponemos en la actualidad de controlar la
PA a lo largo de las horas diurnas, manteniendo la eficacia por la noche
y prolongándose en las horas matutinas, es sólo con fármacos con un
índice TP cercano al 100%. De hecho, desde un punto de vista teórico,
con este índice el fármaco se podría administrar a cualquier hora del
día. Pero para evitar que el efecto pico coincida con las horas
nocturnas (evitando un descenso excesivo por la noche) y se garantice
una persistencia del control en las horas vespertinas, es preferible
administrar el fármaco por la mañana. En la Tabla
6 se observa el índice TP de fármacos de diferentes familias
de antihipertensivos introducidos recientemente (30,31).
La disparidad
de los índices TP observadas en ocasiones para un mismo fármaco
obedece a las dificultades metodológicas para el cálculo del índice
TP, como se ha expuesto en el capítulo 3, por lo que se están
introduciendo otros métodos más rigurosos, como el “smoothness
index”.
| Tabla
6. Índice TP (valle/pico) de diversos fármacos
antihipertensivos agrupados por familias |
| Calcioantagonistas |
Inhibidores
de la ECA |
Antagoni | |