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IMPA
Incremento Matutino de la Presión Arterial
CAPITULO 4
Cronobiología de los
accidentes cardiovasculares. Mecanismos del enfermar en función del
tiempo.
Introducción
La investigación clínica en el campo de la cronobiología de los
mecanismos del enfermar cardiovascular y de los accidentes
cardiovasculares ha experimentado un gran desarrollo en la última década.
La distribución no uniforme, circadiana, del momento de inicio de las
diferentes patologías cardiovasculares sugiere que existen
desencadenantes de las mismas que muestran una organización temporal
similar. Los accidentes cardiovasculares más importantes, como isquemia
miocárdica silente o sintomática (angina), infarto de miocardio y
muerte súbita siguen un rítmo circadiano (concentración a primeras
horas de la mañana), circaseptano (los primeros días de la semana en
la población laboral) o circanual (sobre todo, en invierno). Se sabe
que el infarto agudo de miocardio sigue una distribución estacional
evidente, con un pico máximo de incidencia en los meses de invierno.
En 1910, Obraztsov y Strazhesko describieron que determinadas
actividades como subir escaleras, discusiones y stress emocional durante
una partida de cartas podían desencadenar un infarto agudo de miocardio
(1). Desde 1930 hasta el principio de la década de los 80 se pensaba
que las actividades diarias ejercían una escasa importancia como
desencadenantes de los accidentes cardiovasculares; así, Master
indicaba que los accidentes cardiovasculares agudos se producían de un
modo uniforme en vez de estar asociados a una causa o situación
precipitante (2). El conjunto de evidencias acumulado en los últimos
quince años ha contribuido a establecer la idea de la importancia de
los desencadenantes. La comprobación de la existencia de un ritmo
circadiano de los accidentes cardiovasculares implica que podrían
estar, de alguna manera, asociados o desencadenados por ritmos fisiológicos
que presentan un pico de actividad en un determinado momento del día o
de la noche y que la concentración de los efectos de los diferentes fármacos
en los perídos de tiempo con mayor vulnerabilidad podría aportar un
beneficio clínico (3).
Este conjunto de conocimientos ha posibilitado el desarrollo de nuevas líneas
de investigación en un área de la farmacología clínica conocida como
cronoterapéutica. Esta nueva disciplina, además del estudio de las
características farmacocinéticas y farmacodinámicas de los diferentes
compuestos, estudia las modificaciones de los distintos parámetros biológicos
en función del tiempo. Ésta es una visión de la farmacología clínica
relativamente novedosa y se contrapone con la visión homeostática,
continua, clásica de la administración de los fármacos (4).
Ritmo circadiano de los accidentes
cardiovasculares
Uno de los hallazgos de mayor importancia clínica derivado de la
monitorización ambulatoria del ECG durante 24 horas consiste en la
constatación de una distribución circadiana espontánea del conjunto
de los episodios isquémicos. Existe un pico en su incidencia entre las
08:00 y 10:00 horas y un segundo pico de menor magnitud entre las 16:00
y las 17:00 horas. La incidencia de episodios isquémicos durante la
noche es la menor durante las 24 horas, en especial entre la medianoche
y las 06:00 horas.
El ritmo circadiano de la isquemia miocárdica se correlaciona
estrechamente con el de la frecuencia cardíaca, con la incidencia de
angina inestable, infarto de miocardio, accidentes cerebrovasculares,
muerte súbita de origen coronario y, en menor magnitud, con las arrítmias
ventriculares. Todos estos procesos se presentan con elevada frecuencia
en las primeras horas de la mañana, momento en que, como ya hemos
mencionado, los episodios de isquemia son igualmente más frecuentes
(5).
Características de las placas ateroescleróticas vulnerables. Teoría
general de la trombosis arterial
En la actualidad se acepta que la ruptura de una placa ateroesclerótica
y posterior trombosis constituye el sustrato fisiopatológico de la
mayoría de los síndromes coronarios agudos (angina inestable, infarto
de miocardio transmural y no transmural y muerte súbita) (6-9). Existen
diversas características que parecen definir la “vulnerabilidad de
las placas”: factores directamente relacionados con las características
físicas de las placas y su composición tisular y factores sistémicos
que promueven su ruptura y facilitan la trombosis. Lesiones ateroescleróticas
que determinan una escasa reducción de la luz vascular, de forma
habitual determinan una estenosis menor del 50% de la luz del vaso, con
un núcleo lipídico predominante constituido por partículas de LDL
colesterol oxidadas, cápsula fibrosa fina que separa el núcleo lipídico
de la luz vascular, dicha cápsula está formada por una matriz
integrada por colágeno y proteoglicanos y fibras musculares lisas que
constituyen sus principales elementos celulares. Por tanto, una elevada
proporción de contenido lipídico y una cantidad reducida de los
elementos de la cápsula constituyen las principales características de
composición tisular de las placas vulnerables. La inflamación e
infección son dos elementos de gran actualidad que parecen participar
en el proceso de ruptura de las placas, se observa infiltración
leucocitaria (predominio de monocitos) sobre todo en su periferia
(intersección del endotelio disfuncionante que recubre la placa con el
endotelio sano adyacente) lugar donde es más frecuente la ruptura de
las placas; aunque existen estudios que describen una asociación
epidemiológica entre la infección por determinados gérmenes
(clamidia, citomegalovirus, herpes virus, etc.) y el desarrollo de síndromes
isquémicos agudos y han llegado a aislarse dichos elementos biológicos
en el interior de las placas, hasta la actualidad falta por definir de
forma precisa su papel, es más, los datos disponibles sugieren que sólo
la clamidia podría ejercer una cierta influencia en la progresión y,
sobre todo, inestabilización de las placas (7, 9-11).
Además de factores directamente relacionados con la composición de las
placas, el stress parietal ejercido sobre las mismas parece desempeñar
un papel determinante en su inestabilización. El stress parietal
circunferencial depende del espesor de la cápsula fibrosa, que a su vez
depende de su contenido colágeno y fibras musculares lisas que recubre
el núcleo lipídico, la presión sanguínea y el radio de la luz
vascular. La localización, tamaño y consistencia del núcleo lipídico;
y las características del flujo sanguíneo, en particular el impacto
del flujo sobre el segmento proximal de la placa que depende de la
configuración y angulación de la placa. En el numerador de la ecuación
del stress se encuentran el radio del vaso y la presión arterial y en
el denominador el espesor de la cápsula, en estas circunstancias,
placas que reducen poco la luz vascular determinan mayor stress al igual
que la hipertensión arterial. Por otro lado, la reducción del espesor
de la cápsula también incrementa el stress y, por tanto, la facilidad
para la ruptura de la placa. En la Figura
1 se observa la imagen de una placa ateroesclerótica coronaria
vulnerable, núcleo lipídico importante y cápsula fibrosa fina. Para
el desarrollo de un síndrome isquémico agudo es necesaria la trombosis
que complica la ruptura de la placa, los diversos componentes de la
placa poseen una diferente capacidad de inducir agregación plaquetaria
y activar la coagulación, así la exposición al torrente circulatorio
de los componentes de la cápsula fibrosa constituye un estímulo
limitado para la trombosis, sin embargo, la exposición lipídica
incrementa de forma exponencial la agregación plaquetaria y activación
de la coagulación.
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| Figura
1.Placa
ateroesclerótica coronaria con características de
vulnerabilidad (importante núcleo lipídico y cápsula fibrosa
fina). |
En la Figura
2 se esquematiza la posible influencia de los fenómenos que
suceden a primeras horas de la mañana (incremento de la presión
arterial, vasoconstricción, desbalance trombosis-antitrombosis, etc.)
en los fenómenos de inestabilización de las lesiones coronarias,
responsables de los síndromes coronarios agudos. Existen diversos
factores plasmáticos, independientes de las características y
composición tisular de las placas, que además de favorecer su ruptura,
influyen en el proceso trombótico que la complica; la activación del
sistema simpático, sistema renina-angiotensina (SRA), concentraciones
plasmáticas de colesterol, lipoproteína (a) y fibrinógeno,
alteraciones metabólicas como la homocistinemia y la diabetes,
alteraciones de la fibrinolisis (activación del inhibidor del plasminógeno),
activación plaquetaria y de la coagulación, etc. La Tabla
1 resume los factores de riesgo trombogénicos locales
(relacionados con las placas) y sistémicos.
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| Figura
2.Posible
influencia de algunos de los determinantes de los ritmos
circadianos de los accidentes cardiovasculares, desbalance
trombosis/antitrombosis y vasoconstricción sobre el desarrollo
de los síndromes coronarios agudos (Ang I: angina inestable,
IM: infarto de miocardio). |
| Tabla
1. Complicaciones tombóticas de la ruptura de placa. Factores
de riesgo trombogénicos locales y sistémicos |
Factores
locales
Grado de ruptura de placa (fisura, úlcera).
Grado de estenosis (cambio de geometría).
Características tisulares (placas lipídicas).
Trombo superficial residual (recurrencia).
Vasoconstricción (plaquetas, trombina).
Factores sistémicos
Catecolaminas (tabaco, estrés, cocaína).
Sistema renina-angiotensina-aldosterona (genotipo DD).
Colesterol, lipoproteína (a) y otros estados metabólicos
(homocistinemia, diabetes). Fibrinógeno, Alt. fibrinólisis
(inh. 1 del activador plasminógeno), activación plaquetas y
coagulación (factor VII, generación trombina-fragm.
1 + 2 o actividad trombina-fibrinopéptido A).
Alto riesgo. Varios factores locales y sistémicos de
riesgo trombogénico coincidiendo con la ruptura de placa
(trombo mural oclusivo agudo, lábil o fijo [angina inestable,
IM Q y No-Q]).
Bajo riesgo. Pocos factores de riesgo trombogénico
coincidiendo con la ruptura de placa (alterogénesis
progresiva). |
Modificaciones de la estructura y función vascular inducen cambios en
la vulnerabilidad de las placas. La corrección de la disfunción
endotelial (desbalance entre la producción de mediadores de la
vasodilatación, antihipertróficos y antiproliferativos, y mediadores
de la vasodilatación que además promueven hipertrofia e hiperplasia de
los componentes celulares de la capa media arteriolar), así como la
reducción del contenido lipídico de las placas reducen su posibilidad
de ruptura y, por tanto, el riesgo de un accidente cardiovascular (6,
12). Diferentes estímulos, stress emocional o físico, cambios hemodinámicos,
pueden favorecer la ruptura de las placas al inducir cambios en la
estructura vascular y fuerzas ejercidas sobre las mismas. En este
sentido, el desarrollo de un infarto agudo de miocardio puede ser
desencadenado por situaciones de stress que condicionan cambios hemodinámicos
suficientes para romper una placa vulnerable. En la práctica, la
combinación sinérgica de actividades desencadenantes pueden provocar
la ruptura de la placa y trombosis sobreañadida, en una situación en
la que una sola de ellas no fuese suficiente para romper la placa y
estimular la trombogénesis que provocaría el infarto. Podríamos
ilustrar este razonamiento con una situación en la que una actividad física
extenuante, que provocase una erosión de una placa, en un fumador
sedentario, que condicionaran vasoconstricción coronaria y un estado de
hipercoagulabilidad, fuesen las condiciones necesarias para provocar una
trombosis coronaria oclusiva. Sin embargo, incluso actividades físicas
ligeras de la vida diaria podrían ser suficientes para poner en marcha
la cascada de fenómenos que provocan un accidente cardiovascular en un
paciente con una placa extremadamente vulnerable. Así, podríamos
definir un factor de riesgo agudo como una alteración fisiopatológica
(vasoconstricción, hemodinámica o hemostática) que podría influir en
el desarrollo de una trombosis coronaria oclusiva, que en definitiva
dependerá de la combinación de un stress externo (físico, mental, tóxico,
etc.) y la reactividad individual a dicha situación.
Incremento matutino de la incidencia
de infarto de miocardio
Hasta hace poco más de una década, y basándose en los resultados de
varios estudios retrospectivos, se consideraba que los infartos de
miocardio se presentaban de forma independiente a las actividades (físicas
o psíquicas) realizadas por el paciente en el momento de presentación
de la enfermedad. Sin embargo, existían diversos estudios publicados en
la década de los 60 en los que se indicaba la existencia de una
tendencia de concentración matutina de tal patología, se trataba de
estudios que utilizaban la percepción del dolor torácico como marcador
del inicio de la enfermedad (13). Recibieron poco crédito por parte de
la comunidad científica ya que se consideraba que dicha concentración
matutina obedecía simplemente a un retraso en la percepción de síntomas
de pequeña intensidad de un infarto que podía haberse presentado
durante la noche mientras el paciente dormía. No fue hasta los años
1985 y 1989, fechas de la publicación de los Estudios MILIS
(Multicenter Investigation of Limitation of Infart Size) (14) e ISAM
(Intravenous Streptokinase in Acute Myocardial Infarction) (15) cuando
se dispuso de suficiente información clínico-epidemiológica que
confirmaba la concentración matutina del inicio del infarto de
miocardio.
El objetivo primario del Estudio MILIS fue determinar si el empleo
durante la fase aguda del infarto de propranolol o hialuronidasa
limitaba su tamaño. Para ello desde 1978 hasta 1983 se seleccionaron
3.000 pacientes en cinco centros, de los que 849 se randomizaron a
recibir tratamiento activo o placebo. Las conclusiones del Estudio MILIS
fueron que ninguno de los dos fármacos empleados, cuando se
administraba a una media de 8 horas después del inicio del dolor torácico,
limitaba de forma significativa el tamaño de la necrosis. Sin embargo
su principal aportación se debió a la gran base de datos de dicho
estudio con la que se intentó describir la historia natural de la
enfermedad. Se intentó documentar, en base a la referencia de dolor torácico
por los pacientes, la existencia de una variación circadiana del
infarto (época del año, días de la semana y horas del día con mayor
incidencia). Se comprobó que su incidencia estaba uniformemente
distribuida durante los meses del año y los días de la semana, pero se
sugería que el inicio del dolor torácico del infarto era más
frecuente (1.26 veces mayor) durante el período comprendido entre las
06:00 horas y el mediodía (14).
Las limitaciones de tomar la referencia del dolor torácico por parte
del paciente como momento de inicio del infarto, pudiendo existir en
muchos casos un retraso en la percepción del dolor que podría
contribuir a determinar un pico matutino en su incidencia, obligaron a
realizar una determinación más objetiva mediante la cuantificación
plasmática de la fracción MB de la CPK, ya que en los pacientes del
estudio MILIS se habían realizado numerosas determinaciones de esta
enzima con el objetivo de precisar el momento del inicio de la necrosis.
Considerándose este momento como 4 horas antes de la elevación inicial
de la CK-MB.
En la Figura
3 se recoge el momento del día en el que se inicia el infarto
de miocardio en 703 pacientes del estudio MILIS en los que se disponía
de múltiples determinaciones de CK-MB, en la abscisa se refleja la hora
del día y en la ordenada el número de episodios. Puede observarse la
incidencia durante dos períodos sucesivos de 24 horas, que permite
comprobar la incidencia al final de uno de dichos períodos y al
comienzo del siguiente. La existencia de un ritmo circadiano de 24
horas, con un evidente pico matutino, se observa de forma más clara con
este método, más objetivo y preciso, que con el que emplea la
referencia del inicio del dolor torácico como momento del comienzo del
infarto, indicando que este método tiende a obscurecer más que a
generar la existencia de un ritmo circadiano en la presentación diaria
del infarto (14). Mediante la determinación de CK-MB puede comprobarse
que entre las 09:00 y 10:00 horas se produce el número máximo de
infartos (45 casos) y el mínimo entre las 23:00 horas y medianoche (15
casos). La concentración matutina, poco después de levantarse, de la
incidencia del infarto de miocardio puede estar afectada por la no
standarización en la población estudiada de la hora de levantarse,
pacientes que hayan presentado la necrosis durante el mediodía podría
corresponder a individuos que se levanten tarde debido, sobre todo, a
diferentes horarios de trabajo. Para intentar eliminar esta variable
habría que recoger en la anamnesis la hora de levantarse habitual de
los pacientes y la hora en la que se levantaron el día que presentaron
el infarto. Este hallazgo del estudio MILIS representó la comprobación
de un fenómeno sugerido en diversos pequeños estudios previos que
sugerían la existencia de un pico matutino (entre las 06:00 horas y el
mediodía) en la incidencia del infarto (2, 16-19).
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| Figura
3.Patrón
circadiano del infarto agudo de miocardio. Los datos demuestran
un incremento de la incidencia de infarto entre las 5 a.m. y el
mediodía (N Engl J Med 1985; 313: 1315-1321). |
Willich y colaboradores realizaron, empleando la base de datos del
estudio ISAM, un estudio similar al MILIS en el que se propusieron
identificar un ritmo circadiano del infarto mediante la determinación
del momento de su inicio empleando determinaciones seriadas de CK-MB. Se
incluyeron 1.741 pacientes randomizados a recibir placebo o
estreptokinasa comprobándose un pico matutino de mayor magnitud que el
observado en el estudio MILIS. La incidencia de infarto de miocardio era
cuatro veces mayor entre la 08:00 y 09:00 horas que entre la medianoche
y la 01:00 horas, de forma global, la incidencia de infarto era 3.8
veces superior durante las horas de la mañana (entre las 08:00 y 09:00
horas) que a últimas horas del día (15). Dicho período matutino de
riesgo se observaba tanto en pacientes con enfermedad coronaria ligera
como severa, sólo los pacientes que tomaban betabloqueantes antes del
episodio agudo no mostraban el incremento matutino en la incidencia.
El análisis de los datos del Estudio TIMI II (Thrombolysis in
Myocardial Infarction Phase II study) aportó nuevos resultados que
confirmaban el incremento matutino de la frecuencia de infartos (20). En
el grupo total de pacientes incluidos en el estudio se observó que el
34.4% de los episodios se presentaron entre las 06:00 horas y el mediodía.
En determinados subgrupos de pacientes la incidencia matutina del
infarto era incluso mayor, en ellos se incluyen los pacientes con
infarto de miocardio sin dolor torácico en las últimas 48 horas,
pacientes sin tratamiento betabloqueante en las 24 horas previas, no
fumadores y aquéllos que desarrollaron el infarto durante un día
laborable.
Hjalmarson y cols. analizaron la mayor de todas las series que incluía
4.796 pacientes (21). En toda la población estudiada observaron un pico
matutino de mayor magnitud (alrededor de las 09:00 horas) y otro
vespertino secundario (sobre las 20:00 horas) en la incidencia del
infarto. El análisis de subgrupos de pacientes permitió conocer
algunos datos de posible relevancia clínica. Así, los pacientes con
insuficiencia cardíaca congestiva y el grupo de infarto de miocardio
sin onda Q mostraban un marcado pico vespertino probablemente
relacionado con las alteraciones en la actividad neuro-hormonal
observadas en esta enfermedad que condicionan una alteración en el
ritmo tensional de 24 horas, mecanismos fisiopatológicos similares
pueden ser los responsables también del importante pico vespertino
observado en los diabéticos (21). Otros resultados de menor relevancia
apuntaban que la incidencia de infarto entre las 18:00 horas y la
medianoche en las mujeres era ligeramente mayor que la observada en
varones y que los fumadores mostraban un pico vespertino mayor que los
no fumadores (21). La mayor incidencia matutina estaba reducida o
abolida en diferentes subgrupos de pacientes; los de mayor edad,
fumadores, diabéticos y pacientes con infarto de miocardio previo.
La base de datos del estudio Diltiazem Reinfarction study (540 pacientes
en los que el diagnóstico se basó en cambios enzimáticos) permitió
analizar la incidencia del infarto sin onda Q (no transmural) durante
las 24 horas del día (22). A diferencia de los estudios previamente
comentados no se apreciaron significativas variaciones en la incidencia
de infarto durante las
24 horas. El análisis de subgrupos de pacientes permitió conocer que
las mujeres y los pacientes diabéticos mostraban una tendencia a
presentar los infartos después del mediodía.
Recientemente Cannon y cols. documentaron, en los pacientes incluidos en
el Estudio TIMI III (Thrombolysis in Myocardial Ischemia III Registry
and Trial) un incremento matutino en el inicio de los episodios de
angina inestable e infarto de miocardio sin onda Q (23).
Aunque existen diferencias fisiopatológicas en el infarto transmural
(con onda Q) y no transmural (sin onda Q), principalmente referidas a
una mayor frecuencia de oclusión coronaria trombótica en los pacientes
con infartos transmurales, ambos se incluyen, con la angina inestable y
la muerte súbita de origen isquémico agudo, dentro de los síndromes
coronarios agudos ya que el accidente de placa, en forma de
ruptura-ulceración, es un fenómeno común. En los pacientes con angina
inestable e infarto no-Q solemos observar que la arteria responsable se
encuentra permeable, fenómeno frecuentemente relacionado con la
existencia de una trombosis coronaria limitada. Estos hechos podrían
explicar la ausencia de ritmo circadiano en la incidencia del infarto
sin onda Q, debido a que los accidentes de placa que ocurren a primeras
horas de la mañana pueden ser de mayor magnitud y por tanto generar un
trombo organizado, más estable. Además a esas horas del día se
observa un menor actividad fibrinolítica del plasma y mayor
agregabilidad plaquetaria, factores que también favorecen la génesis
de un trombo mayor (24, 25). Por otro lado, existe una significativa
proporción de infartos no transmurales sin ateroesclerosis coronaria o
en caso de existir no podemos asegurar la existencia de un accidente de
placa responsable. Pueden presentarse en pacientes con enfermedad
coronaria microvascular (hipertensión arterial habitualmente acompañada
de hipertrofia ventricular izquierda y diabetes) que compromete la
perfusión del subendocardio, en ellos incrementos del consumo miocárdico
de oxígeno acompañados o no de reducciones del flujo coronario en
relación a modificaciones del tono microvascular pueden ser los
factores determinantes (26-28).
De los estudios comentados podemos concluir que el infarto de miocardio
transmural (con onda Q) muestra un ritmo circadiano, con una mayor
incidencia significativa de episodios durante las primeras horas de la
mañana y un pico secundario, de menor magnitud, a últimas horas de la
tarde. El infarto no transmural (sin onda Q) muestra una distribución
uniforme de los episodios durante las 24 horas. La administración
previa de betabloqueantes y aspirina parece reducir el pico matutino de
incidencia de infartos.
En este punto merece comentarse un estudio reciente que observa
diferencias en la repermeabilización coronaria con fibrinolíticos
dependiendo del momento del día. En dicha publicación, los fibrinolíticos
(rTPA) logran la repermeabilización coronaria en mayor número de casos
cuando se administran por la tarde (29). En las Figuras
4 y 5
se refleja la disociación entre la incidencia del infarto de miocardio
(máxima a primeras horas de la mañana) y la eficacia del tratamiento
fibrinolítico (máxima por la tarde); por otro lado, la posibilidad de
lograr a los 90 minutos de la administración del fibrinolítico un buen
flujo coronario (Flujo TIMI 3) es significativamente mayor si el
compuesto se administra entre las 12:00 y 23:59 horas. El ritmo
circadiano del balance entre factores que promueven la trombosis y
factores antitrombóticos podría justificar estos hallazgos, a primeras
horas de la mañana existe un estado protrombótico que se revierte por
la tarde. De confirmarse estos resultados podrían obligar a modificar
la estrategia terapéutica de pacientes con infarto de miocardio, ya que
deberíamos modificar, en función del momento del día, el esfuerzo
destinado a abrir la arteria responsable.
A modo de conclusiones podemos decir, basándonos en la información
actualmente disponible, que en la mayoría de los individuos el riesgo
de sufrir un infarto de miocardio es máximo a primeras horas de la mañana
después de levantarse de la cama e iniciar las actividades diarias.
Para un paciente concreto, el riesgo de sufrir un infarto de miocardio
en un momento específico del día está determinado por la alteración
del balance entre diversos desencadenantes y factores protectores,
actuando sobre un sustrato favorable que en la mayoría de los casos
consiste en la ateroesclerosis coronaria. Son necesarios más estudios
que nos ayuden a aclarar los mecanismos que subyacen en la periodicidad
de la presentación del infarto para intentar llevar a cabo una
estrategia terapéutica destinada a prevenir el desarrollo de los
accidentes cardiovasculares.
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| Figura
4.La
eficacia del fibrinolítico rTPA para la recanalización
coronaria se disocia de la mayor incidencia de infarto agudo.
Probablemente el desequilibrio trombosis/antitrombosis que se
observa a primeras horas de la mañana influye en una menor
eficacia de los fibrinolíticos en dicho período del día
(modificada de Circulation 1995; 91: 1341). |
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| Figura
5.En
pacientes con infarto agudo de miocardio en los que se
administra tratamiento fibrinolítico entre las 12:00 y las
23:59 horas se observa una mayor eficacia en lograr la
recanalización coronaria (flujo TIMI 3) (modificada de
Circulation 1995; 91: 1341). |
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