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IMPA
Incremento Matutino de la Presión Arterial
CAPITULO 3
Métodos
para la valoración de la elevación matutina de la presión arterial
Introducción
Desde finales del siglo pasado se conoce que la presión arterial (PA)
disminuye durante el sueño. En los estudios de la primera mitad del
siglo XX, se intentó obtener información adicional más completa sobre
las variaciones cíclicas de la PA durante las 24 horas. En la mayoría
de los casos, los datos sobre los cambios cíclicos se obtuvieron a través
de repetidas mediciones indirectas de la PA efectuadas por una enfermera
o por el mismo paciente. Las mediciones indirectas de la PA están
sujetas a la posibilidad de errores considerables. Fue en la década de
los sesenta, cuando aparecieron las primeras publicaciones sobre
mediciones de la PA obtenidas mediante equipos semiautomáticos de
registro ambulatorio no invasivo de la PA (1-3). Por otra parte, estos
primeros equipos semiautomáticos de medición de la PA que se
emplearon, eran engorrosos y molestos, e interferían con la actividad
normal del individuo. En algunos casos además, las observaciones se
hicieron en pacientes que tenían su movilidad restringida a su cama o a
una silla contigua. Los datos obtenidos de esta forma, aunque útiles en
el entorno hospitalario, carecían de verdadero valor en lo que respecta
a los cambios que se pueden producir en la PA del individuo en su
actividad diaria, expuesto a las influencias del entorno laboral y
familiar. En algunos de estos estudios se sugería que la PA era más
alta durante la mañana, justo después del despertar, y que a partir de
ese momento comenzaba a descender progresivamente a lo largo del día.
En otros estudios sin embargo, la PA aumentaba progresivamente a lo
largo de todo el día. En todos ellos se coincidió en la detección de
un descenso de la PA durante el sueño (4-5). Sin embargo, la utilización
creciente de los registros ambulatorios automáticos ha proporcionado un
gran empuje al conocimiento de los fenómenos de cambios de la PA a lo
largo de las 24 horas y de su significado fisiopatológico y clínico.
Fisiológicamente, los niveles de presión arterial (PA) no son idénticos
de unos individuos a otros, ni tampoco lo son para un mismo individuo a
lo largo del período diario de 24 horas. La PA presenta un ascenso
matutino, durante el período de actividad diurno y un descenso durante
el sueño nocturno. A este patrón rítmico a lo largo de las 24 horas,
que no es exclusivo de la presión arterial, y que está presente en
numerosos parámetros fisiológicos en animales y humanos, se le conoce
como ritmo circadiano (4) o variabilidad diaria (circadiana) de la PA
(6).
Pueden existir diferentes patrones de ritmicidad circadiana según los
distintos parámetros fisiológicos estudiados, así como diferentes
mecanismos biológicos subyacentes que los originan. En este sentido, la
temperatura corporal (7) o la secreción de cortisol (8), por ejemplo,
siguen un patrón rítmico a lo largo de las 24 horas, que está básicamente
gobernado por un "mecanismo de relojería endógeno" que
define la morfología de sus curvas de variación en las 24 horas, haciéndolas
así depender, principalmente, del momento cronológico del día. Por
otra parte, existen otros parámetros fisiológicos como es el caso de
la PA, que siguen una variabilidad a lo largo de las 24 horas que, en
realidad, es más dependiente del ciclo de actividad - reposo, o mejor,
actividad - sueño, que de una ritmicidad endógena propiamente dicha
(6). Como de forma habitual, pero no necesariamente, el ciclo de
actividad - reposo coincide con el de día (luz) - noche (oscuridad), a
la variación u oscilación de la PA en las 24 horas se la conoce también
como ritmo nictameral o variabilidad nictemeral de la PA (9).
Variabilidad circadiana de la presión
arterial
Actualmente está bien establecido que el comportamiento cíclico
circadiano de la PA durante las 24 horas, que se aprecia en un 90% de
los individuos normotensos y en un 70 - 80% de los pacientes
hipertensos, presenta sus valores más altos durante el período
matutino y los más bajos durante el período de sueño (9). El sueño
es un proceso activo regulado por el sistema nervioso central y
compuesto por distintos ciclos que recurren de forma regular a lo largo
del reposo nocturno (10). Existen dos ciclos básicos: el período
"sin ensueños" o de onda lenta (llamado así, por las ondas
de baja frecuencia y amplitud alta, objetivadas en el
electroencefalograma) y el período de "ensueños" o de
movimientos oculares rápidos (fase REM), en el cual, se registran ondas
de alta frecuencia y baja amplitud en el electroencefalograma, similares
a las detectadas durante el estado de vigilia. Los estadíos más
profundos de sueño de onda lenta (estadíos 3 y 4) ocurren en las 2
primeras horas de iniciado el sueño, mientras que los períodos REM
ocurren en ciclos de 90 minutos.
El cambio de los niveles de PA se produce estrechamente ligado a la pérdida
del estado de vigilia. Durante la primera hora de sueño se presenta una
bajada progresiva de la PA, alcanzando su máxima disminución (de un
15-20%) a las 2 horas de iniciado el sueño (11-17), coincidiendo con
los estadíos más profundos del período de sueño de onda lenta (estadíos
3 y 4). Durante el sueño REM, la PA se sitúa al mismo nivel que el que
alcanza en el estadío 2 del sueño de onda lenta, es decir,
aproximadamente un 10% menor que el estado de vigilia. En esta fase REM,
la PA es además, mucho más variable, con fluctuaciones de hasta 30
mmHg en sólo unos pocos minutos (17). Similares incrementos de PA,
mediados por vasoconstricción simpática, se observan durante la
inducción de complejos "K" en el electroencefalograma, que
son breves períodos de despertar, durante los estadíos 1 y 2 del sueño
de onda lenta y que se producen en respuesta a estímulos externos (14).
Se ha comentado que la disminución de los valores de la PA durante el
sueño nocturno, respecto al período de vigilia, tiene un promedio de
aproximadamente un 20%. No obstante, pueden haber variaciones
significativas de la norma general en los perfiles individuales de
determinados pacientes (15). Se considera como fisiológica una reducción
de la PA durante el sueño superior al 10%, tanto para la PA sistólica
como para la diastólica, siendo los valores inferiores a éstos,
indicativos de un descenso reducido (74). Además de la expresión
porcentual, también puede valorarse la reducción de las cifras de la
PA durante el período nocturno, mediante la estimación del llamado
cociente actividad / sueño. Valores de este cociente inferiores a 1.03
para la PA sistólica e inferiores a 1.07 para la diastólica, se pueden
considerar indicativos de supresión de la ritmicidad circadiana de la
PA, independientemente de los valores de PA alcanzados (5). En general,
el patrón circadiano de la PA se mantiene en los hipertensos similar al
de los normotensos, pero con una mayor elevación de las cifras de PA a
lo largo de todo el perfil circadiano (2). Sin embargo, existen ciertos
subgrupos de hipertensos en los que la variabilidad circadiana está
reducida de forma constante, discutiéndose su significación en términos
de pronóstico del desarrollo de daño orgánico, y especialmente si
esta alteración de la variabilidad circadiana es causa o consecuencia
del daño subyacente en los órganos diana. Los cambios hormonales que
acompañan a estos cambios circadianos de PA y a los cambios de la
actividad se han considerado en otro capítulo, por lo que no vamos a
reflejarlos aquí.
Ascenso matutino de la presión
arterial
A finales de la década de los setenta, dos grupos de investigadores
ingleses examinaron el aumento de la PA en las primeras horas de la mañana
y su comportamiento a lo largo de las 24 horas, utilizando para ello,
equipos de medición intrarterial continua de la PA que se aplicaban
incluso en pacientes ambulantes. Millar-Craig y cols., de Middlesex,
reportaron que la PA comenzaba a aumentar tempranamente durante la mañana,
antes del despertar (que ocurría aproximadamente a las 07:00 horas),
que era máxima a mitad de la mañana y que desde entonces comenzaba a
descender progresivamente a lo largo del resto del día, alcanzando sus
valores más bajos a las 03:00 horas, a partir de cuyo momento comenzaba
su ascenso de nuevo, primero de forma suave, y luego, a partir de las
05:00-06:00 horas, de forma rápida. La curva circadiana de la PA
adoptaba así una morfología sinusoidal, con un ascenso progresivo
previo al despertar y que sugería por tanto, un componente de
ritmicidad endógena en su génesis (4).
Sin embargo, Floras y cols. del Radcliffe Infirmary de Oxford,
encontraron que el mayor incremento de la PA ocurría bruscamente en el
tiempo del despertar y que en las dos horas previas a éste, se producía
sólo un pequeño incremento de la PA (18). Posteriormente, Litter aportó
información adicional en este sentido, indicando que no había
encontrado en sus pacientes ningún incremento apreciable de la PA
previo al despertar (19). Recientemente Baumgart, usando métodos no
invasivos de registro automático en 111 pacientes normotensos y en 109
hipertensos, no encontró tampoco ningún incremento significativo de la
PA durante el sueño, detectando un brusco aumento de la misma dentro de
la primera hora tras el despertar. La velocidad de este incremento de la
PA fue dependiente del período de latencia transcurrido entre el
despertar y el levantarse (20).
En conjunto, con los datos aportados por estos estudios, se ha postulado
que el patrón aparentemente sinusoidal de la PA, con elevación
progresiva de la misma en las primeras horas de la mañana observado por
algunos autores, es probablemente un artefacto derivado de la promediación
de registros de individuos que se despiertan en diferentes momentos;
cuando los registros se sincronizan con el momento del despertar, se
observa un brusco incremento de la PA a partir de ese momento, sea cual
sea la hora del día en el que ocurra, quedando abolido así el patrón
sinusoidal matutino. Pese a todo, y también recientemente, el grupo de
Middlesex continúa encontrando un incremento de la PA previo al
despertar (21).
En todos los estudios antes citados, no se valoró la distinción de si
el incremento brusco de la PA, que la mayoría de los autores
encontraban tras el despertar, se producía realmente tras éste, u
ocurría más bien tras el hecho, en sí, de levantarse y adoptar la
bipedestación. Fue ya en l992, cuando Khoury y cols. abordan por
primera vez el problema en un grupo de 15 pacientes normotensos y 11
hipertensos. Utilizando métodos no invasivos de registro automático
ambulatorio de la PA, se estudió el incremento matutino de la PA en el
período de tiempo comprendido entre una hora antes del despertar y los
90 minutos siguientes a éste. De forma aleatoria, los pacientes se
levantaban nada más despertarse y deambulaban durante 60 minutos, o
bien permanecían despiertos, pero acostados, durante los 60 minutos, y
luego se levantaban, deambulando entonces, durante 30 minutos. Sus
resultados mostraron que la PA y la frecuencia cardíaca (FC) iban
disminuyendo progresivamente desde el inicio del sueño, alcanzando su
valor mínimo dos horas antes del despertar, permaneciendo también a
esos mismos niveles durante la hora previa al despertar. Tanto en
normotensos como en hipertensos, la PA y la FC cambiaron poco durante
los 60 minutos después del despertar cuando los individuos
permanecieron acostados durante dicho período. Sin embargo, las
presiones y frecuencias cardíacas aumentaban bruscamente a partir del
momento de levantarse. Así pues, los autores concluyen que el
incremento matutino de la PA y pulso, habitualmente observados en los
ritmos de estos parámetros, son principalmente debidos al hecho de
levantarse y no al hecho del despertar. No se valoró, sin embargo, la
contribución por separado en el incremento matutino de la PA, de los
componentes relativos al levantarse (bipedestación) y el relativo al
inicio de la actividad física propiamente dicha (22).
Es evidente que en el ritmo circadiano de la PA existe un rápido
aumento matutino de la misma, que contrasta con el descenso durante el
sueño nocturno. La explicación de este fenómeno se ha atribuido al
comportamiento, también circadiano, del balance de la activación simpático-vagal
(con un súbito aumento matutino de la estimulación simpática y un
descenso de la actividad vagal) (23), al ritmo circadiano de las
secreciones de epinefrina y norepinefrina, que están aumentadas por la
mañana (24-25), y a los hallazgos de Panza y cols. que sugieren la
existencia de un ritmo circadiano en el tono vascular, el cual parece
debido, total o parcialmente, a un aumento matutino de la actividad simpática
alfa vasoconstrictora, en relación probablemente, con los niveles
elevados de norepinefrina y a un aumento en la activación nerviosa simpática
antes citados (26). Estos hallazgos son acordes con anteriores
obervaciones que sugerían la existencia de oscilaciones rítmicas
circadianas en flujos y resistencias vasculares (27). Por otra parte,
aportaciones recientes de que el tono vascular coronario puede estar
aumentado durante la mañana (28-29), son congruentes con la hipótesis
de un aumento matutino circadiano del tono vascular general del
organismo. Un aumento de la actividad adrenérgica alfa vasoconstrictora
ha sido demostrada, además, en varias enfermedades cardiovasculares,
incluyendo la hipertensión (30-31).
No obstante, hay que resaltar que otros mecanismos distintos, como un
aumento en la sensibilidad postsináptica vascular durante las horas de
la mañana, podría aumentar la respuesta a la norepinefrina y a otros
estimulantes que no están relacionados con el tono simpático. Además,
el tono vascular del antebrazo, sobre el que Panza y cols. efectuaron su
estudio, parece estar lejos del complejo patrón de interacciones autonómicas
existente en otros territorios vasculares, como el coronario, donde
intervienen receptores alfa y beta adrenérgicos junto con receptores
colinérgicos muscarínicos (32).
Respecto a la FC, en el estudio ya clásico de Millar-Craig (4), se
observó, que tanto en hipertensos como en normotensos fue máxima a
mediodía, disminuyendo de forma progresiva desde ese momento hasta
alcanzar un mínimo durante el sueño. No obstante, en el grupo de
hipertensos, la FC permanecía baja hasta el momento del despertar,
mientras que en normotensos parecía existir un incremento previo al
despertar. Estos hallazgos coincidían con los de Clarke y cols. (33).
Estudios recientes, sin embargo, no encuentran diferencias
significativas en el comportamiento de la FC entre pacientes normotensos
e hipertensos, y atribuyen el aumento matutino de la FC principalmente
al hecho del despertar - levantarse (20, 22).
Formas de medida del ascenso matutino
de presión arterial
Si consideramos que la elevación matutina de PA es un fenómeno de
significado clínico y patológico, debemos establecer los métodos para
su valoración. Como hemos comentado a lo largo de los párrafos
anteriores, la elevación matutina de la PA se produce principalmente
por el hecho del despertar y por el inicio de la actividad cotidiana.
Ello implica que precisar el momento en que se producen estos hechos es
crucial para su valoración, asumiendo que las medidas de PA se realizan
de forma automática con equipos diseñados a tal fin.
La utilización directa de la información que nos ofrece el monitor,
dividiendo las 24 horas en períodos de día y noche, cualquiera que sea
la definición horaria de éstos, puede introducir importantes sesgos
cuando valoremos los cambios de PA desde el descanso nocturno a la
actividad diurna. Estos sesgos son de mayor magnitud cuando utilizamos
los llamados períodos amplios, que regularmente establecen el período
diurno entre las 08:00 y las 22:00 horas y la noche entre las 23:00 y
las 07:00 horas, que los llamados períodos cortos o restringidos en que
se eliminan del análisis los períodos tradicionales, por ejemplo el
período diurno entre las 10:00 y las 22:00 horas y período nocturno
entre la medianoche y las 06:00 horas (34).
Para obviar los sesgos podemos introducir la realización de un
minidiario por parte del paciente que permite establecer claramente el
momento de acostarse y de levantarse, así como si se han producido
interrupciones importantes del sueño con deambulación nocturna del
paciente. En este caso, precisando el momento de levantarse, se puede
estimar el cambio de PA producido en las primeras horas de actividad.
Otros dos métodos merecen comentario. En primer lugar es la utilización
de equipos que permitan medir la actividad de un individuo como el
Actigraph (35). Éstos registran el grado de actividad física de un
individuo a lo largo de las 24 horas y se detecta claramente el
incremento de actividad tras el despertar y levantarse. Son equipos de
elevado coste económico, con ciertas dificultades de utilización y que
sólo se emplean para investigación. En segundo lugar tenemos una
aproximación más asequible en un medio clínico habitual, como es el
combinar con la realización del minidiario el que el paciente realice
una medida de PA pulsando el botón del monitor en el momento de
despertarse y tras haberse levantando. Ello permite tener valores de PA
tras el despertar y tras tomar la bipedestación, sin modificar la
secuencia de medidas automáticas que tiene programado el monitor. Este
método es el que ha sido utilizado por nosotros para el estudio de los
cambios matutinos de PA (36) y para el estudio ACAMPA actualmente en
curso (ver
addendum).
Valoración de la respuesta terapéutica
en la variabilidad circadiana de la presión arterial
La valoración de la respuesta antihipertensiva a los diferentes fármacos
utilizados es crucial debido a que el riesgo cardiovascular y/o renal de
un hipertenso depende en mayor medida de la PA alcanzada durante el
tratamiento que de los valores de PA cuando se establece el diagnóstico.
Pero junto a la reducción absoluta de los valores de PA, durante los últimos
años se considera que la homogeneidad a lo largo de las 24 horas del
descanso, y la reducción del pico matutino de PA, son de relevancia
para obtener la reducción del daño orgánico asociado a la hipertensión,
y por ende reducir la morbi-mortalidad a largo plazo (37). Sobre la
homogeneidad del descanso de PA a lo largo de las 24 horas se ha
publicado gran número de trabajos y se posee un gran caudal de
conocimientos en la actualidad. Por el contrario, la elevación matutina
de la PA ha recibido mucha menos atención y los datos que actualmente
se poseen aún no permiten obtener conclusiones definitivas.
Debido a la tendencia a utilizar dosis únicas de los fármacos
antihipertensivos, la preocupación ha sido la disminución marcada de
eficacia, cuando no la pérdida, en las últimas horas interdosis que
corresponden habitualmente a las primeras horas de la mañana, el período
de mayor vulnerabilidad cardiovascular. La resolución de este problema
en los fármacos cuya duración no alcanza claramente las 24 horas, se
ha intentado mediante la administración nocturna del fármaco (38) o
bien mediante el aumento de dosis. En el primer caso, algunos
calcioantagonistas, inhibidores de la enzima convertidora de
angiotensina y beta-bloqueantes, administrados de noche han demostrado
una menor elevación matutina de la PA, pero frecuentemente se traslada
el problema de la no cobertura adecuada a las últimas horas del día,
donde también puede observarse una elevación de los valores de PA
(39-42). En el segundo caso, el incremento de dosis lleva a producir
descensos importantes de los niveles de PA cuando el efecto del fármaco
es máximo, lo que puede repercutir negativamente en el paciente al
reducir la perfusión de órganos vitales.
Con el fin de evaluar adecuadamente estos aspectos, la Food and Drug
Administration de Estados Unidos (FDA) estableció un índice llamado
trough/peak, cuya traducción castellana podría ser valle-pico (índice
TP). Con él se valora el momento de máximo descenso de la PA producido
por el fármaco, el pico, y el efecto residual antes de la siguiente
dosis, el valle. Para que un fármaco antihipertensivo sea aprobado por
la FDA debe tener un índice de al menos el 50%, con una reducción de
PA superior a 5mmHg. Los cálculos de este índice se realizan mediante
tomas manuales de PA repetidas en un ambiente controlado tras la
administración del fármaco.
La introducción de equipos automáticos permite la realización de
estas medidas en condiciones normales y su utilización para el cálculo
del índice TP se ha generalizado. Pero en este caso surgen problemas
que pueden introducir sesgos de consideración. Uno de ellos deriva de
la homogeneidad del ambiente controlado, ya que éste desaparece y se
introduce la variabilidad de la diferente actividad del individuo de
unos momentos a otros, con la superposición de esta variabilidad a la
acción del fármaco. Con ello se valoran cambios por el tratamiento en
períodos con muy distinta actividad, y considerando que los cambios
producidos por el tratamiento pueden ser inferiores a los cambios que se
pueden producir por la distinta actividad. Otro, de no menos
importancia, es el escoger los períodos ventana de pico y valle (figura
1). Si estos períodos se definen de forma restringida, a uno o
dos períodos horarios, su reproducibilidad es escasa y si se amplian
posiblemente se están introduciendo un gran número de factores no
relacionados con la actividad del fármaco.
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| Figura
1.Representación
esquemática del cálculo del índice TP y del smoothness index.
Pico: reducción entre las 11:00 y las 15:00; Valle: reducción
entre las 05:00 y las 08:00; Índice TP cociente entre la
reducción del valle y del pico; Smoothness index es la media de
las reducciones dividido por su desviación típica. |
Así pues los valores de índice TP obtenidos mediante monitorización
ambulatoria de la presión arterial se caracterizan por una pobre
reproducibilidad, y porque en ocasiones tienen valores de escasa
importancia biológica, por ejemplo inferiores a 0 o superiores a 1.
Aunque han sido varios los métodos que se han ensayado para reducir
estas posibles desviaciones, el resultado no es satisfactorio.
Para obviar este problema recientemente se ha introducido el llamado “smoothness
index” (SI) (43), figura
1. Este índice considera la reducción de PA horaria obtenida a
lo largo de las 24 horas y la relaciona con una medida de variabilidad
como es la desviación típica de estos descensos. Así el índice es el
cociente entre el valor medio de los descensos horarios de
24 horas y el valor de su desviación típica. Este índice se ha
mostrado reproducible, y se ha relacionado con la reducción de la masa
del ventrículo izquierdo observada en pacientes hipertensos tratados
durante un año con lisinopril (44). Aunque el índice tiene
limitaciones hasta la actualidad, especialmente porque no ofrece
información respecto a cuándo se producen los descensos, parece el más
razonable, pero antes de su generalización deberán definirse mejor un
gran número de aspectos no conocidos.
Respecto a la valoración de la elevación matutina, existe un gran
desconocimiento de la misma y de su importancia, y no se han propuesto
ni ensayado métodos fidedignos para su estimación y comparación del
efecto de los fármacos. Una aproximación que podría valorar al mismo
tiempo el equilibrio del descenso de PA a lo largo de las 24 horas y lo
que sucede en las primeras horas, es un método que llamaríamos análisis
de bloques. En este método se observa la actividad antihipertensiva de
un fármaco durante el período de actividad, primer bloque definido
entre las 10:00 horas de la mañana y las 22:00 horas, durante el período
nocturno, segundo bloque definido desde medianoche hasta las 06:00
horas, durante la elevación matutina, tercer bloque que recoge las últimas
4 horas de monitorización, y un cuarto bloque durante la actividad
matutina, recogida entre las 08:00 y el mediodía. Con la simple
observación de los valores de descenso de PA en estos cuatro bloques, fácilmente
puede apreciarse si los descensos de PA están balanceados a lo largo de
las 24 horas o si existen grandes variaciones entre ellos.
Un ejemplo práctico se observa en un estudio recientemente comunicado
que comparaba la actividad de dos antagonistas del receptor AT1 de la
angiotensina II, telmisartan y losartan (45), figura
2. Mientras existen ligeras diferencias no significativas entre
el descenso de PA producido por telmisartan y losartan durante el bloque
uno (actividad), estas diferencias se magnifican durante el bloque dos
(sueño) y especialmente en los bloques tres (elevación matutina) y
cuatro (actividad en la mañana). Al mismo tiempo se puede apreciar cómo
los descensos con telmisartan son prácticamente equivalentes en los
cuatro bloques, indicando una reducción balanceada de PA a lo largo de
las 24 horas.
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Figura
2.Ejemplo
de la estimación de la reducción en la elevación matutina de
la PA, utilizando el método por bloques. Mientras existen
ligeras diferencias no significativas entre el descenso de PA
producido por telmisartan
y losartan durante el bloque uno (media de 24 horas), estas
diferencias se magnifican durante el bloque dos (actividad) y
especialmente en los bloques tres (noche) y cuatro (actividad en
la mañana). (45) |
Conclusiones
La variabilidad circadiana de PA a lo largo de 24 horas está mediada
principalmente por la sucesión de fases de vigilia-sueño. Ésta va
acompañada de cambios circadianos de otros sistemas, y entre todos
condicionan un mayor riesgo cardiovascular concentrado en momentos del día
en los que se produce el incremento de demanda por la actividad. Las
primeras horas de la mañana concentran el mayor riesgo, ya que es aquí
donde se producen los cambios más marcados de PA. El estudio de este
incremento matutino de PA presenta dificultades metodológicas que se
traducen en su menor conocimiento. Con los medios actuales podemos
conocer mejor este fenómeno y observar la actividad de los fármacos
antihipertensivos sobre el mismo.
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(abstract).
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