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HTA
Hipertensión Arterial
Guía de Tratamiento de HTA
Tratamiento
de la HTA con Patologías Asociadas
La HTA se asocia con gran frecuencia a otras patologías, especialmente en
los pacientes de mayor edad que son, por otra parte, aquéllos en los que
la prevalencia de HTA es también mayor. El tratamiento del paciente
hipertenso en estas circunstancias debe considerar la existencia de la
enfermedad asociada, tanto en lo referente a las posibles
contraindicaciones al uso de algunos antihipertensivos que ésta pueda
de-terminar, como respecto a los fármacos más indicados para reducir las
cifras de presión en un paciente concreto, considerando el beneficio
adicional que puedan aportar a la patología asociada.
Enfermedades
Cardíacas
1.-
Remodelado e hipertrofia ventricular izquierda.
Con las
modernas técnicas de diagnóstico desarrolladas en los últimos años,
tales como la ecocardiografía y la resonancia magnética, se ha podido
observar que la hipertrofia ventricular izquierda (HVI) se halla presente
en más de la mitad de los pacientes hipertensos28. Dicha HVI
favorece el desarrollo de complicaciones cardíacas, especialmente la
cardiopatía isquémica y la insuficiencia cardíaca congestiva. Además,
recientemente se ha podido demostrar que la reducción de la masa
ventricular con el tratamiento antihipertensivo reduce el riesgo de dichas
complicaciones cardiovasculares29.
La mayoría de estudios han podido demostrar un paralelismo entre el
descenso de las cifras de presión y la regresión de la HVI, aunque
existen algunas diferencias respecto a la potencia antihipertrófica entre
los diferentes fármacos antihipertensivos. Así, tanto la restricción
del consumo de sal como la reducción del peso corporal tienen una probada
eficacia antihipertrófica en los individuos hipertensos. Por lo que
respecta a la terapéutica farmacológica, los diferentes metaanálisis de
estudios aleatorizados han podido demostrar la existencia de un efecto
antihipertrófico superior por parte de calcioantagonistas y,
especialmente de IECA, respecto a los fármacos clásicos, diuréticos
tiazídicos y betabloqueantes30 (Fig.
3) Por su parte, los vasodilatadores clásicos del tipo de la
hidralazina o el minoxidil no reducen la masa ventricular izquierda e
incluso es posible que puedan tener un efecto facilitador de la HVI a través
de la activación refleja del sistema nervioso simpático que producen.
|

|
|
Fig.
3. Metaanálisis de estudios aleatorizados
de reducción del índice de masa ventricular con los
distintos tratamientos antihipertensivos. * p < 0,01
al comparar IECA frente a diuréticos y betabloqueantes. |
2.-
Cardiopatía isquémica
La HTA en sí
misma es un importante factor de riesgo para el padecimiento de cardiopatía
isquémica. La incidencia de angor o infarto no aumenta cuando la presión
arterial se reduce gradualmente. Incluso, en algunos pacientes un adecuado
descenso de las cifras de PA puede determinar el descenso en el número de
crisis anginosas, e incluso la desaparición de la angina.
Los datos
obtenidos en diferentes estudios de intervención parecían indicar que el
tratamiento de la HTA era ineficaz en cuanto a la prevención de la
aparición de cardiopatía isquémica, aunque estudios mas recientes sí
observan efectos beneficiosos del tratamiento antihipertensivo y un metaanálisis
de estudios de intervención observó un descenso del 14 % en la
mortalidad coronaria cuando se analizaban los datos globalmente, aunque
este descenso era inferior a lo que cabría esperar. Ello se ha querido
relacionar con el hecho de que los fármacos antihipertensivos
tradicionales utilizados en estos estudios, especialmente diuréticos tiazídicos
y en menor grado betabloqueantes de primera generación, podrían agravar
el riesgo coronario al afectar adversamente el metabolismo hidrocarbonado
y lipídico, lo que podría contrarrestar el efecto beneficioso conseguido
con la reducción de presión.
Los estudios
comparativos entre diferentes fármacos antihipertensivos en prevención
primaria de la aparición de eventos coronarios (CAPPP5, STOP-26,
NORDIL7, INSIGHT8, UKPDS 3918, ABCD31,
FACET32) no han sido capaces de demostrar en su globalidad la
superioridad de un grupo de fármacos respecto a otros en pacientes
hipertensos esenciales, hipertensos de alto riesgo o hipertensos diabéticos.
Estos estudios incluyen los cuatro principales grupos de fármacos
antihipertensivos (diuréticos, betabloqueantes, calcioantagonistas e
IECA). Únicamente en dos estudios llevados a cabo en pacientes diabéticos
y en los que se comparaba un IECA con un calcioantagonista, los resultados
indicaron una menor tasa de eventos coronarios en el grupo de pacientes
tratados con IECA31,32 (Tabla
4).
|
TABLA
4.
Metaanálisis de estudios comparativos entre fármacos
antihipertensivosen la prevención primaria
de la enfermedad coronaria |
IECA
vs.
Diuréticos/Betabloqueantes |
IECA |
DIUR/BB |
RR
(IC 95 %) IECA |
STOP-2
UKPDS-39
CAPPP
Total
|
194/2205
61/400
168/5492
423/8097
|
199/2213
46/358
175/5493
420/8064 |
0,98(0,81-1,18)
1,19(0.83-1,69)
0,96(0,78-1,18)
1,00(0,88-1,14) |
Calcioantagonistas
vs.
Diuréticos/Betabloqueantes |
Calcioantagonistas |
DIUR/BB |
RR
(IC 95 %)
Calcioantagonistas |
INSIGHT
NICS-EH
STOP-2
NORDIL
VHAS
Total
|
100/3157
2/215
221/2196
235/5410
9/707
567/11685
|
91/3164
2/214
199/2213
208/5471
10/707
510/11769
|
1,10(0,83-1,46)
1,00(0,14-7,00)
1,12(0,93-1,34)
1,14(0,95-1,37)
0,90(0,37-2,20)
1,12(1,00-1,26)
|
| IECA
vs. Calcioantagonistas |
IECA |
Calcioantagonistas |
RR
(IC 95 %) IECA |
ABCD
STOP-2
Total |
12/235
194/2205
206/2440 |
34/235
221/2196
255/2431 |
0,35(0,19-0,66)
0,87(0,73-1,05)
0,81(0,68-0,97) |
Por lo que se
refiere a la prevención secundaria, cabe distinguir entre los pacientes
que han sufrido un IAM y los pacientes con angina de pecho. En estos últimos
el tratamiento con fármacos antihipertensivos, básicamente
betabloqueantes y calcioantagonistas, está destinado a disminuir la
incidencia de episodios de angina y mejorar la tolerancia al esfuerzo, ya
sea disminuyendo los requerimientos de oxígeno del miocardio, como sucede
con los betabloqueantes, o dilatando directamente las coronarias, como en
el caso de los calcioantagonistas. El efecto de dichos tratamientos es básicamente
sintomático y no se conocen estudios diseñados para evaluar su posible
efecto sobre la supervivencia.
Muy diferente
es la situación de prevención secundaria en los pacientes que han
sufrido un infarto de miocardio. En este sentido, betabloqueantes,
calcioantagonistas e IECA han demostrado, aunque de forma diferente, una
capacidad de aumentar la supervivencia en estos pacientes.
Clásicamente,
los fármacos de elección en el tratamiento del postinfarto de miocardio
han sido los betabloqueantes. El estudio BHAT13 demostró una
disminución del 28 % de la mortalidad respecto al placebo en pacientes
tratados con propranolol. A pesar de que la disfunción ventricular se ha
con-siderado clásicamente una contraindicación para su uso, estudios
recientes que han demostrado un aumento de la supervivencia en pacientes
con insuficiencia cardíaca congestiva tratados con betabloqueantes14-16
han hecho que su utilización pueda teóricamente generalizarse a todos
los pacientes en el postinfarto. No obstante, es cierto que a pesar de
extremar las precauciones en el inicio del tratamiento y en la titulación
de la dosis, un porcentaje no despreciable de pacientes, especialmente con
mala función ventricular, no toleran el tratamiento con betabloqueantes,
de forma que éste debe ser suspendido.
Los
calcioantagonistas se han utilizado en enfermos con eventos coronarios con
diferentes resultados. Mientras que en pacientes con amenaza de infarto el
tratamiento con nifedipino no ha conseguido demostrar una mejoría en la
tasa de supervivencia o morbilidad, el verapamilo y el diltiazem se han
utilizado con éxito en pacientes con infarto de miocardio y relativa
buena función ventricular33,34.
La mayor
evidencia de un efecto beneficioso del tratamiento antihipertensivo en el
postinfarto se ha obtenido con los IECA. La Tabla
5 muestra un resumen de los principales estudios llevados a cabo en
pacientes con postinfarto y disfunción ventricular o insuficiencia cardíaca
asociadas. En todos ellos se ha conseguido aumentar la supervivencia de
los pacientes y disminuir la tasa de morbilidad por nuevos eventos
coronarios o desarrollo de insuficiencia cardíaca congestiva. A pesar de
que dichos estudios se han llevado a cabo en pacientes con mala función
ventricular, los resultados del estudio HOPE35 sugieren de
forma indirecta que el tratamiento con IECA puede generalizarse a todos
los pacientes con enfermedad coronaria. En dicho estudio, la tasa de
mortalidad cardiovascular se reducía significativamente en los pacientes
tratados con el IECA ramipril al compararlo con placebo en una cohorte de
pacientes de alto riesgo, más de la mitad de los cuales eran enfermos
coronarios (Fig.
4).
|

|
|
Fig.
4. Tasa de eventos cardiovasculares en el
estudio HOPE, al comparar el IECA ramipril frente a
placebo. Se observa una reducción del 22 % en la tasa
de eventos, del 26 % en la mortalidad cardiovascular,
del 20 % en la tasa de IAM, del 32 % en la tasa de AVC y
del 16 % en la mortalidad global. Todas las reducciones
son estadísticamente significativas. |
En resumen, de
los datos disponibles se deduce que los fármacos de elección para el
tratamiento de los pacientes con enfermedad coronaria son los
betabloqueantes y los IECA. En pacientes con angina y aquéllos que no
toleren los otros tratamientos, los calcioantagonistas, especialmente los
no dihidropiridínicos pueden ser también adecuados.
Cuando existe
bloqueo aurículo-ventricular de 2o o 3er grado la
utilización de betabloqueantes está formalmente contraindicada, así
como la del verapamilo y diltiazem. Por el contrario, los betabloqueantes,
el verapamilo y el diltiazem son de elección cuando aparecen
taquiarritmias supraventriculares. Aunque no está definitivamente
demostrado que los diuréticos empeoren las arritmias, es desaconsejable
su uso, ya que la hipopotasemia e hipomagne-semia secundarias al
tratamiento diurético podrían poten-cialmente favorecer la aparición de
arritmias ventriculares graves. De hecho, un reanálisis reciente de los
datos del estudio de HTA sistólica en el anciano que se llevó a cabo en
la década de los 80 en EEUU, demuestra que el efecto beneficioso sobre la
morbimortalidad cardiovascular de un tratamiento antihipertensivo basado
en el diurético clortalidona pierde prácticamente todo su poder en los
pacientes que desarrollan hipopotasemia secundaria a dicho tratamiento11.
Ello sugiere que en este grupo de pacientes se producen arritmias
ventriculares que contrarrestan el efecto beneficioso de la reducción de
presión arterial.
4.-
Insuficiencia cardíaca
El tratamiento
de la insuficiencia cardíaca se ha visto revolucionado en los últimos años.
En primer lugar es preciso destacar que la incidencia de esta enfermedad
ha ido aumentando progresivamente, de forma paralela a la disminución de
la mortalidad por enfermedad coronaria y al aumento de la supervivencia de
la población en general. El tratamiento clásico de la insuficiencia cardíaca
suponía una aproximación meramente sintomática en la que se trataba de
disminuir la sobrecarga hídrica con diuréticos y aumentar la fuerza
contráctil del corazón con fármacos inótropos, de los cuales el más
conocido y utlizado es la digital. Los avances en el conocimiento de la
fisiopatología de la insuficiencia cardíaca nos han permitido demostrar
que la perpetuación y agravamiento de los síntomas y especialmente la
elevada y rápida mortalidad de los pacientes es debida en gran parte a la
activación constante de los sistemas vasoactivos, especialmente el
sistema nervioso simpático y el sistema renina-angiotensina. No es de
extrañar entonces que los principales resultados beneficiosos en cuanto
al aumento de la supervivencia de los pacientes se hayan obtenido con fármacos
que bloquean la actividad de dichos sistemas.
Los
betabloqueantes han sido considerados clásicamente como fármacos
contraindicados en la insuficiencia cardíaca por su efecto inótropo
negativo. No obstante, los estudios llevados a cabo en los últimos años
han demostrado una capacidad probada de reducción de la mortalidad en los
pacientes con insuficiencia cardíaca independientemente de su etiología.
Ello es cierto para los pacientes con insuficiencia cardíaca moderada
(clase funcional II-III), según se desprende de tres estudios publicados
hasta la actualidad (Carvedilol Trial14, CIBIS II15
y MERIT-HF16), y recientemente se ha extendido a pacientes con
insuficiencia cardíaca grave, en clase funcional IV, según se desprende
de un estudio con carvedilol todavía no publicado (COPERNICUS).
Se está
estudiando en estos momentos si también los betabloqueantes tienen
capacidad protectora en pacientes con disfunción ventricular asintomática.
No obstante, y a pesar de dichos resultados absolutamente espectaculares,
el tratamiento con betabloqueantes sigue utilizándose en un número
escaso de pacientes con insuficiencia cardíaca. Ello es debido a que el
tratamiento debe iniciarse con el paciente compensado, con dosis muy pequeñas
y con aumentos lentos y progresivos. Así se minimizan las posibles
intolerancias, consistentes en una disminución transitoria de la
tolerancia al esfuerzo y en el aumento del edema.
La otra
aproximación farmacológica que ha dado importantes resultados en el
tratamiento de la insuficiencia cardíaca es el bloqueo del sistema
renina-angiotensina. Los datos más abundantes se han obtenido con los
IECA (CONSEN-SUS23, SOLVD24), considerados hoy en día
el tratamiento obligado y de primera línea. A pesar de que su uso se ha
generalizado en la práctica clínica, llama poderosamente la atención el
hecho de que las dosis que se utilizan habitualmente son claramente
inferiores a las que han demostrado su eficacia en los ensayos clínicos.
De hecho, un estudio reciente (ATLAS36) demuestra que la
eficacia de los IECA en prolongar la supervivencia de los pacientes con
fallo cardíaco es dependiente de la dosis y que, por ello, debe
insistirse en que aunque se inicie el tratamiento con dosis bajas, debe
intentarse conseguir alcanzar las dosis que han demostrado ser eficaces.
Además de los
IECA, existen algunos datos que sugieren que el bloqueo alternativo o
complementario del sistema renina-angiotensina puede ser igualmente eficaz
en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca. El estudio RALES10
demostró que la adición de espironolactona a dosis bajas (probablemente
subdiuréticas) al tratamiento combinado de IECA-diurético mejoraba la
mortalidad en la insuficiencia cardíaca grave. Es de destacar que en este
estudio, y a pesar de una monitorización muy estricta, la incidencia de
hiperpotasemia fue prácticamente desdeñable.
La aparición
de los ARAII en el tratamiento de la HTA, con su excelente perfil en la
relación efectividad/seguridad y su bloqueo más selectivo del sistema
renina-angiotensina creó grandes expectativas en la posibilidad de que se
pudieran convertir en la terapia de elección y, por tanto, desplazando a
los IECA del tratamiento de la insuficiencia cardíaca. Estas expectativas
fueron alimentadas por la publicación del estudio ELITE I37 en
el que se observó una menor tasa de mortalidad y empeoramiento del fallo
cardíaco en el grupo tratado con losartan respecto al grupo tratado con
captopril. No obstante, esta observación se basaba en un objetivo
secundario del estudio y en una tasa mínima de eventos. Así se han diseñado
diversos estudios que analizan el impacto de esta familia de fármacos en
la evolución de la insuficiencia cardíaca. El primero de ellos ha sido
el estudio ELITE-II26, en el que basado en los resultados del
ELITE I se comparaba la disminución de mortalidad conseguida con
losartan, frente a captopril en pacientes mayores de 65 años con
insuficiencia cardíaca congestiva. Los resultaron mostraron una similar
capacidad de los dos fármacos.
El segundo de
dichos estudios es el VAL-HefT27, en el que se comparaba el
efecto sobre la mortalidad y la progresión de la insuficiencia cardíaca
del valsartan frente al placebo en pacientes con insuficiencia cardíaca,
la mayoría de los cuales seguía un tratamiento estándar con una
combinación de IECA y diurético. Aunque no se demostró un efecto
significativo de la adición de dicho tratamiento sobre la mortalidad
global, sí se observó un efecto beneficioso sobre el objetivo combinado
de mortalidad y empeoramiento del fallo cardíaco, resultado que era
claramente dependiente del efecto sobre la progresión clínica de la
enfermedad. En el momento actual, estos resultados situan a los ARAII como
tratamiento alternativo en los pacientes con intolerancia a IECA. No
obstante, si los próximos estudios confirman estos primeros resultados
situarán a los ARAII como fármacos de elección por su mejor
tolerabilidad respecto a los IECA. Así, ya en el estudio VAL-HefT27
se ha podido comprobar que en el pequeño subgrupo de pacientes que no
estaban bajo tratamiento con IECA, el Val- sartan era claramente superior
al placebo en la protección cardiovascular. Un tercer estudio en curso
(CHARM) está diseñado para probar esta hipótesis, es decir si el
tratamiento con ARAII aumenta la supervivencia de los pacientes con
insuficiencia cardíaca que no toleran el tratamiento con IECA.
Existen pocos
datos sobre la utilización de otros fármacos antihipertensivos en la
insuficiencia cardíaca. Si bien los diuréticos forman habitualmente
parte del tratamiento sintomático, los datos sobre calcioantagonistas
indican un efecto neutro y no un efecto beneficioso adicional. Únicamente
el subanálisis del estudio PRAISE38 sugería un efecto
beneficioso del amlodipino en pacientes con insuficiencia cardíaca de
etiología no isquémica (Tabla
6).
|
TABLA
6.
Metaanálisis de estudios comparativos
entre fármacos antihipertensivos en la
prevención primaria de la insuficiencia cardíaca |
IECA
vs.
Diuréticos/Betabloqueantes |
IECA |
DIUR/BB |
RR
(IC 95 %) IECA |
STOP-2
UKPDS-39
CAPPP
Total |
149/2205
7/400
75/5492
231/8097 |
177/2213
7/358
66/5493
250/8064 |
0,84
(0,68-1,04)
0,90 (0.32-2,53)
1,14 (0,82-1,58)
0,92 (0,77-1,09)
|
Calcioantagonistas
vs.
Diuréticos/Betabloqueantes |
Calcioantagonistas |
DIUR/BB |
RR
(IC 95 %)
Calcioantagonistas |
INSIGHT
NICS-EH
STOP-2
NORDIL
VHAS
Total |
28/3157
0/215
186/2196
63/5410
1/707
278/11685 |
16/3164
3/214
177/2213
54/5471
0/707
250/11769 |
1,75
(0,95-3,24)
1,06 (0,87-1,29)
1,18 (0,82-1,69)
1,12 (0,95-1,33) |
| IECA
vs. Calcioantagonistas |
IECA |
Calcioantagonistas |
RR
(IC 95 %) IECA |
ABCD
STOP-2
Total |
10/235
149/2205
159/2440 |
8/235
186/2196
194/2431 |
1,25
(0,50-3,11)
0,80 (0,65-0,98)
0,81 (0,67-1,00) |
Enfermedad
Vascular Cerebral
La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo de desarrollo
de un accidente vascular cerebral (AVC), tanto isquémico como hemorrágico,
y está ampliamente demostrado que un adecuado control de la presión
arterial reduce la incidencia de estos eventos en cerca de un 40 %. Además,
la reducción del riesgo observada con el tratamiento hipotensor es
practicamente idéntica a la esperada según los estudios epidemiológicos.
Por último, el tratamiento antihipertensivo previene la recidiva del
cuadro en los pacientes que ya han sufrido un AVC.
En la fase
aguda de un AVC isquémico es aconsejable retirar el tratamiento. No
existe ninguna evidencia científica que apoye la administración de
tratamiento antihipertensivo en la fase aguda del AVC isquémico a ningún
nivel de presión. En cualquier caso sí que está claro que la disminución
brusca e intensa de la presión arterial provoca un empeoramiento de la
isquemia. La mayoría de guías clínicas aconsejan iniciar tratamiento
antihipertensivo en los pacientes con PAS por encima de 200-220 y PAD por
encima de 115-120. La excepción sería en pacientes con hemorragia
cerebral o aquéllos eligibles para realizar tratamiento trombolítico por
vía intravenosa o intraarterial, por el aumento de riesgo de sangrado, en
los que el tratamiento antihiperten-sivo debería instaurarse a partir de
cifras de presión de 180/105 mmHg.
Después de la
fase aguda y debido a que la curva de autorregulación del flujo cerebral
se halla alterada, la presión arterial debe reducirse de forma gradual
para permitir su adaptación, evitando descensos bruscos que podrían
comprometer el flujo cerebral.
Todos los fármacos
antihipertensivos han demostrado una capacidad probada de reducir la
incidencia de AVC en prevención primaria, por lo que no existen
preferencias en cuanto a la utilización de una u otra familia de fármacos
(Tabla7).
TABLA
7.
Metaanálisis de estudios comparativos entre fármacos
antihipertensivos
en la prevención primaria del accidente vascular cerebral |
IECA
vs.
Diuréticos/Betabloqueantes |
IECA
|
DIUR/BB
|
RR
(IC 95 %) IECA
|
STOP-2
UKPDS-39
CAPPP
Total
|
215/2205
21/400
189/5492
425/8097
|
237/2213
17/358
148/5493
402/8064
|
0,91
(0,76-1,08)
1,11 (0,59-2,06)
1,28 (1,03-1,58)
1,05 (0,92-1,19)
|
Calcioantagonistas
vs.
Diuréticos/Betabloqueantes |
Calcioantagonistas |
DIUR/BB
|
RR
(IC 95 %)
Calcioantagonistas
|
INSIGHT
NICS-EH
STOP-2
NORDIL
VHAS
Total
|
79/3157
6/215
207/2196
159/5410
5/707
456/11685
|
84/3164
8/214
237/2213
196/5471
4/707
529/11769
|
0,94
(0,70-1,28)
0,75 (0,26-2,12)
0,88 (0,74-1,05)
0,82 (0,67-1,01)
1,25 (0,34-4,64)
0,87 (0,77-0,98)
|
IECA
vs. Calcioantagonistas
|
IECA
|
Calcioantagonistas
|
RR
(IC 95 %) IECA
|
ABCD
STOP-2
Total |
7/235
215/2205
222/2440 |
11/235
207/2196
218/2431 |
0,64
(0,25-1,61)
1,03 (0,86-1,24)
1,02 (0,85-1,21) |
Enfermedad Vascular
Periférica
En los pacientes hipertensos con enfermedad vascular periférica y
claudicación intermitente, el descenso de la presión arterial puede
agravar la sintomatología. Por ello, el tratamiento antihipertensivo debe
contemplar, además del descenso de las cifras de presión, el
mantenimiento de los flujos sanguíneos en las extremidades.
Los
betabloqueantes, especialmente los no cardioselectivos, pueden agravar o
desenmascarar una claudicación in-termitente en pacientes previamente
asintomáticos ya que, además de reducir la presión arterial, disminuyen
el flujo sanguíneo en las extremidades al bloquear los receptores ß2-adrenérgicos
a nivel vascular. Por su efecto vasodilatador serían los
calcioantagonistas los fármacos de elección en estos pacientes. Los IECA
y los ARAII serían también aconsejables, ya que no afectan la circulación
en las extremidades y favorecen el mantenimiento de la circulación
colateral. Los alfabloqueantes y alfabetabloqueantes tipo carvedilol también
son seguros en este tipo de pacientes.
Insuficiencia
Renal Crónica
La hipertensión arterial constituye la segunda causa de insuficiencia
renal terminal en el mundo occidental y es, además, una complicación
frecuente en el curso de la insuficiencia renal crónica. Por otro lado,
está claramente demostrado que el mal control de presión favorece la
progresión del daño renal, y que el descenso de las cifras de PA reduce
la tasa de deterioro de la función renal. Ello ha llevado a aconsejar que
en estos pacientes la presión arterial debe reducirse por debajo de
130/85 mmHg o incluso a niveles menores de 125/75 mmHg si existe
proteinuria superior a 1g/24 horas.
Dado que en la
hipertensión arterial asociada a la insuficiencia renal existe una
retención de sodio y agua, es fundamental la reducción de la ingesta de
sodio, y aumentar su excreción mediante el uso de diuréticos. Las
tiazidas tienen una respuesta diurética muy escasa cuando el filtrado
glomerular es inferior a 30 ml/min (creatinina plasmática > 2.5
mg/dl), por lo que deben utilizarse diuréticos más potentes, como los
del asa. Los diuréticos distales y los suplementos de potasio están
contraindicados en esta situación por el riesgo de inducir hiperkaliemia.
Los betabloqueantes disminuyen el flujo plasmático renal y el filtrado
glomerular, aunque no se ha demostrado que sus efectos sobre la hemodinámica
renal se asocien con un deterioro de la función renal.
Los
calcioantagonistas producen un aumento del flujo plasmático renal, de la
diuresis y la natriuresis, manteniendo el filtrado glomerular, por lo que
pueden utilizarse en estos pacientes. Diversas evidencias sugieren que su
uso podría enlentecer la velocidad y la progresión de la insuficiencia
renal. Los IECA y los ARAII aumentan el flujo plasmático renal,
preservando el filtrado glomerular, y reducen la presión intraglomerular.
Además, su efecto antiproteinúrico es superior al esperado por la simple
reducción de la PA. En este sentido, se ha descrito la reducción de
microalbuminuria en hipertensos tratados con estos fármacos, hecho que no
se observa con otros antihipertensivos (diuréticos, betabloqueantes y
calcioantagonistas), a pesar de una similar reducción de presión. Este
efecto es resultado de la vasodilatación preferente de la arteriola
eferente glomerular al bloquear los efectos intrarrenales de la
angiotensina II, y probablemente por relajación del mesangio y disminución
del coeficiente de ultrafiltración. En estudios no controlados estos fármacos
parecen reducir la tasa de progresión de la insuficiencia renal. La mayoría
de los IECA se eliminan por vía renal, por lo que debe ajustarse su
dosificación. Ademas, no están exentos de efectos secundarios en
pacientes con insuficiencia renal, como el fracaso renal agudo de origen
hemodinámico, el agravamiento de la anemia frecuente en estos pacientes,
o el incremento de la acidosis o la hiperkaliemia, especialmente en
pacientes diabéticos o que tomen antiinflamatorios no esteroideos.
Enfermedades
Metabólicas
1.
Hiperuricemia:
La
hiperuricemia es un hallazgo frecuente en los pacientes hipertensos,
especialmente en aquellos tratados con diuréticos tiazídicos, aunque en
la mayoría de casos la hiperuricemia secundaria a diuréticos es asintomática.
El origen de esta hiperuricemia se ha atribuído a la disminución del
flujo plasmático renal, ya que los niveles de uricemia se correlacionan
con las resistencias vasculares renales. Todos los tipos de diuréticos
conocidos, a excepción de la espironolactona, producen un aumento de los
niveles plasmáticos de ácido úrico y pueden precipitar un ataque de
gota, especialmente en pacientes con antecedentes. Los demás fármacos
antihipertensivos pueden emplearse en los pacientes con hiperuricemia. El
losartán tiene efecto uricosúrico probado y minimiza el efecto
hiperuricemiante de las tiazidas cuando se administra en asociación.
Los pacientes
hipertensos presentan una incidencia de hiperlipemia superior a la población
normal. Los diuréticos tiazídicos y del asa inducen aumentos de
colesterol total, LDL-colesterol y triglicéridos, aunque algunos estudios
sugieren que este efecto negativo puede disminuir o desaparecer con el
tratamiento a largo plazo. Recientemente, el estudio INSIGHT8,
que comparaba el tratamiento con el calcioantagonista nifedipino-OROS
frente a la combinación hidroclorotiazida-amilorida ha vuelto a poner de
manifiesto la elevada tasa de efectos metabólicos de los diuréticos tiazídicos.
Los betabloqueantes tienden a producir un aumento de los triglicéridos y
del VLDL-colesterol y un descenso del HDL-colesterol, especialmente los no
selectivos. Los betabloqueantes con actividad simpaticomimética intrínseca,
el labetalol y el carvedilol tienen un efecto neutro sobre los lípidos
plasmáticos. Los calcioantagonistas, IECA y ARAII poseen un efecto
neutro, mientras que los alfabloqueantes y simpaticolíticos centrales
parecen mejorar el perfil lipídico de los hipertensos. Todos estos
efectos metabólicos de los fármacos antihipertensivos han pasado a un
segundo plano desde la aparición de las estatinas y la demostración en
estudios tanto de prevención primaria como secundaria de la bondad de
reducir intensamente las cifras de colesterol. Así, el tratamiento
antihipertensivo debe ir encaminado a reducir significativamente las
cifras de presión y el tratamiento de la dislipidemia debe encaminarse a
reducir las cifras de colesterol.
A pesar de que
como se ha comentado el efecto de los fármacos antihipertensivos sobre
las cifras de colesterol es heterogéneo, ningún estudio ha demostrado
que ello tenga algún efecto en términos de una distinta protección
cardiovascular. Parece más lógico centrarse en el descenso de las cifras
de presión y tratar las cifras de colesterol con los fármacos específicos
para ello.
La hipertensión
es más frecuente entre los pacientes diabéticos que en la población
general. Además, los pacientes con hipertensión y diabetes son
especialmente susceptibles a padecer complicaciones cardiovasculares. De
hecho, la incidencia de infarto de miocardio en pacientes diabéticos es
similar a la de aquéllos no diabéticos con un infarto previo. Todos los
estudios indican que el tratamiento antihipertensivo en la diabetes debe
iniciarse con cifras de presión por debajo de 130/85 mmHg y que el
objetivo terapéutico debe ser, por tanto, alcanzar valores por debajo de
dichos límites. En este sentido, el subanálisis del estudio HOPE39
en diabéticos demostró una disminución de eventos cardiovasculares en
una cohorte de pacientes diabéticos, la mitad de los cuales eran
normotensos, tratados con el IECA ramipril. Por su parte, el subanálisis
del estudio HOT20, en los casi 1000 pacientes diabéticos
incluidos, demostró una mejor prevención de eventos cardiovasculares y
una disminución de la mortalidad cardiovascular en los pacientes que
recibían un tratamiento más intensivo con un objetivo terapéutico de
una PAD por debajo de 80 mmHg. Finalmente, el estudio de la diabetes en el
Reino Unido (UKPDS-3840) demostró una disminución de las
complicaciones cardiovasculares asociadas a la diabetes y de la mortalidad
en los pacientes con un más estricto control de la presión arterial.
La mayoría de
fármacos antihipertensivos han demostrado su eficacia en la prevención
primaria de la enfermedad cardiovascular en los pacientes diabéticos. Así,
un subanálisis del estudio SHEP (HTA sistólica aislada en el anciano),
en los pacientes diabéticos demostraba que el grado de protección
cardiovascular otorgado por el tratamiento antihipertensivo basado en el
diurético clortalidona era similar en las cohortes de diabéticos y de no
diabéticos41. Por su parte el estudio STOP-2, al analizar el
subgrupo de pacientes diabéticos no observó diferencias entre fármacos
antiguos (diuréticos y betabloqueantes) y fármacos nuevos (IECA y
calcioantagonistas)42.
Clásicamente
se ha dicho que los betabloqueantes, además de su capacidad para
deteriorar el perfil lipídico y de aumentar la resistencia a la insulina,
eran especialmente peligrosos en diabéticos bajo tratamiento insulínico,
pues al bloquear la respuesta catecolamínica a la hipoglucemia no permitían
el correcto diagnóstico precoz de la complicación al enmascarar los síntomas
y contribuían a agravar la hipoglicemia. No obstante, los resultados del
estudio UKPDS-3918 no han confirmado este supuesto efecto deletéreo.
En dicho estudio, los pacientes diabéticos asignados a un control
estricto de PA fueron aleatorizados a tratamiento con captopril o
atenolol. El grado de protección frente a las complicaciones
cardiovasculares, el porcentaje de hipoglicemias, control metabólico o
requerimientos de fármacos hipoglucemiantes o insulina fue similar en
ambos grupos, aunque el captopril se toleró mejor que el atenolol.
Por lo que
respecta a los calcioantagonistas, su utilidad en la diabetes es
controvertida. Mientras que dos estudios de comparación con IECA (ABCD31
y FACET32) mostraron una mayor tasa de eventos coronarios en
los pacientes tratados con calcioantagonistas, los subanálisis efectuados
en los estudios de HTA sistólica aislada en los que se han utilizado
calcioantagonistas (SYST-Eur19 y SYST-China43) en
los pacientes diabéticos, demostró una protección similar del
tratamiento antihipertensivo basado en el calcioantagonista nitrendipino,
en comparación con los pacientes no diabéticos con hipertensión sistólica
aislada.
Sin embargo,
toda la evidencia parece indicar que el bloqueo del sistema
renina-angiotensina es la piedra fundamental en el tratamiento del
hipertenso diabético. Ya hemos comentado los resultados del estudio HOPE39
en diabéticos. A ello debe sumarse la capacidad de prevención de la
enfermedad microvascular (retinopatía y nefropatía) observada
fundamentalmente con IECA y una tendencia a mejores resultados en la
prevención de la cardiopatía isquémica en estudios en comparación con
calcioantagonistas (ABCD31 y FACET32) y con diuréticos
y betabloqueantes (STOP-242). En el momento actual se hallan en
fase de desarrollo estudios con ARAII que permitirán establecer si su
probable efecto beneficioso es comparable o superior a los IECA.
En la HTA
asociada a la obesidad debemos tener en cuenta varias consideraciones.
Desde un punto de vista hemodinámico, este tipo de HTA se caracteriza por
un aumento del gasto cardíaco y de las resistencias vasculares, asociado
a un aumento del volumen plasmático. Ello se traduce a nivel cardíaco en
un aumento de la pre y postcarga, lo que explicaría la mayor predisposición
de estos pacientes a padecer complicaciones cardiovasculares.
A nivel renal,
puede aparecer un aumento del filtrado glomerular y proteinuria. Además,
desde un punto de vista metabólico estos pacientes presentan una mayor
incidencia de intolerancia hidrocarbonada, hiperlipidemia e hiperuricemia.
El tratamiento
del hipertenso obeso se fundamenta básicamente en la aplicación estricta
de unas medidas higiénico-dietéticas adecuadas. La restricción calórica
tiene un efecto beneficioso en la HTA asociada a la obesidad. Ello ocurre
incluso antes de que se produzca una pérdida de peso y es debido,
probablemente, a un efecto natriurético y a la disminución del tono
adrenérgico secundarios a la restricción calórica.
No existen
estudios que demuestren mayor eficacia de unos fármacos antihipertensivos
respecto a otros en el tratamiento de la HTA asociada a obesidad. No
obstante, si tenemos en cuenta que la obesidad va frecuentemente acompañada
de otras alteraciones metabólicas, tales como dislipidemia, intolerancia
oral a la glucosa, insulinorresistencia o diabetes mellitus, aquellos fármacos
que puedan ser capaces de exacerbar dichas alteraciones, tales como diuréticos
o, en menor medida, betabloqueantes, no serían de primera elección en
estos pacientes. Los alfabloqueantes, a pesar de sus efectos positivos
sobre el metabolismo lipídico e hidrocarbonado, favorecen el aumento del
volumen intravascular. Los IECA y ARAII serían los fármacos de elección
en esta situación: 1) por su efecto beneficioso sobre la actividad simpática
aumentada que presentan estos pacientes, 2) porque no producen expansión
del volumen extracelular, 3) porque regresan la HVI y 4) porque disminuyen
la resistencia a la insulina y no alteran el perfil lipídico. Los
calcioantagonistas, por su efecto natriurético, la regresión de la HVI y
su efecto neutro sobre los parámetros metabólicos, serían también una
alternativa en estos pacientes. En caso de precisar una asociación, la más
recomendable sería la de IECA o ARAII con calcioantagonistas.
Enfermedad
Pulmonar Obstructiva Crónica
Existe una contraindicación relativa para el uso de betabloqueantes no
selectivos en pacientes con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica,
dado que el bloqueo de los receptores b2-adrenérgicos a nivel
bronquial puede agravar el broncoespasmo. Los betabloqueantes
cardioselectivos, especialmente bisoprolol, atenolol y metoprolol, pueden
usarse teóricamente en estas entidades por su menor riesgo de producir
broncospasmo, aunque debe extremarse el control de los pacientes. En
cualquier caso, están contraindicados en pacientes con una agudización
de su EPOC. Los diuréticos deben administrarse con precaución y a dosis
bajas en pacientes con EPOC avanzada por el riesgo de favorecer la depresión
respiratoria a causa de la acidosis metabólica que producen y al agravar
la poliglobulia que presentan estos pacientes. A pesar de que los IECA
pueden producir tos rebelde como efecto indeseable, no presentan
contraindicación formal en los pacientes afectos de patología pulmonar,
ni tampoco los alfa-bloqueantes. En cualquier caso, los calcioantagonistas
y los ARAII, exentos de tos como efecto indeseable, parecen constituir los
fármacos de elección en estos pacientes.
Urgencias y
Emergencias Hipertensivas
A pesar del curso crónico y a menudo silente de la HTA, se pueden
presentar diversas complicaciones agudas que requieren atención en
Unidades de Urgencias. Dado que existe cierta confusión en la terminología
utilizada para definir los problemas relacionados con las elevaciones
agudas de la PA, las llamadas «crisis hipertensivas», se ha sugerido su
diferenciación desde el punto de vista fisiopatológico y clínico en dos
entidades diferentes, las llamadas «emergencias» y las «urgencias
hipertensivas» (Tabla
8).
TABLA
8
Clasificación de las crisis hipertensivas |
| EMERGENCIAS |
URGENCIAS |
|
Encefalopatía
hipertensiva
Eclampsia
Edema agudo de pulmón
Insuficiencia coronaria
Accidente vascular cerebral
Aneurisma disecante de aorta
HTA acelerada complicada
Traumatismo craneoencefálico
Insuficiencia renal aguda
|
Crisis
asintomáticas idiopáticas
HTA acelerada no complicada
HTA en cardiopatía isquémica
HTA en insuficiencia cardíaca
HTA en transplantados renales
HTA en período pre y postoperatorio
HTA
|
|
La «urgencia
hipertensiva» o «crisis hipertensiva simple» es aquella elevación de
la PA que por no producir un compromiso vital inmediato permite su correción
en el plazo de horas, con tratamiento por vía oral y sin precisar
necesariamente la asistencia hospitalaria. Se incluyen en este apartado
las crisis asintomáticas idiopáticas (la causa más común de crisis
simple), la HTA acelerada no complicada y las crisis en pacientes con
antecedentes de cardiopatía isquémica o insuficiencia cardíaca, en
trasplantados renales, en los períodos pre y postoperatorio, y en las
quemaduras extensas44,45.
La «emergencia
hipertensiva» es la elevación de PA acompañada de alteraciones orgánicas
graves que comprometen la vida del paciente de modo inminente y requieren,
por tanto, el descenso de la PA en el plazo máximo de horas, con
tratamiento preferentemente por vía parenteral en una institución
hospitalaria. Se incluyen en este concepto las crisis que se acompañan de
encefalopatía hipertensiva, eclampsia, edema agudo de pulmón,
insuficiencia coronaria aguda, accidente vascular cerebral, aneurisma
disecante de aorta, HTA acelerada complicada, traumatismo craneoencefálico
y la insuficiencia renal aguda44,45.
Actitud
terapéutica ante una crisis hipertensiva simple
El fármaco seleccionado debería cumplir los siguientes requisitos:
-
Efecto
antihipertensivo relativamente rápido, progresivo y sostenido
-
Actuar sobre las resistencias
periféricas
-
No disminuir flujo cerebral ni
|