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HTA
Hipertensión Arterial
Guía de Tratamiento de HTA
Fármacos
Utilizables en el Tratamiento de la Hipertensión Arterial
El
arsenal terapéutico de los fármacos antihipertensivos es en la
actualidad muy amplio y comprende diferentes grupos de fármacos con
diversos mecanismos de acción. Los seis grupos o clases de fármacos
que la Organización Mundial de la Salud y la Sociedad Internacional
de Hipertensión1 consideran como de primera línea son los diuréticos,
bloqueantes beta-adrenérgicos, calcioantagonistas, inhibidores de
la enzima de conversión de la angiotensina (IECA), alfabloqueantes
y antagonistas de los receptores de la angiotensina II (ARAII).
Otros fármacos de segunda línea son los vasodilatadores directos y
los simpaticolíticos de acción central. Finalmente, en fase de
investigación clínica se sitúan dos nuevos grupos, los
antagonistas de la endotelina y los inhibidores de la vasopeptidasa.
Las preferencias en la utilización de cada una de dichas familias
debe establecerse en función de diversos parámetros, tales como el
coste, la presencia de patología asociada (Tabla
3), la efectividad, los efectos secundarios, la tolerancia o el
impacto sobre la calidad de vida.
Diuréticos
Los diuréticos son fármacos utilizados desde hace muchos años en
el tratamiento de la HTA y con los que se tiene la experiencia más
prolongada. Tienen la ventaja de su fácil manejo y bajo coste
aunque, debido a sus efectos secundarios especialmente metabólicos,
su prescripción se ha limitado y últimamente se han visto
desplazados por otros grupos farmacológicos.
No obstante, los diuréticos
siguen siendo considerados como fármacos de primera elección en el
tratamiento de la HTA, debido a que han demostrado en numerosos
estudios controlados su capacidad para reducir la morbimortalidad
cardiovascular asociada a la HTA. Además, en estudios recientes en
los que se ha comparado el tratamiento clásico, básicamente con
diuréticos tiazídicos y betabloqueantes, frente a los nuevos
tratamientos con calcioantagonistas e IECA, no se ha demostrado que
estos últimos tengan un mayor poder de prevención cardiovascular
frente a los primeros (CAPPP5, STOP-26, NORDIL7,
INSIGHT8, ALLHAT9). Existen tres subgrupos
diferentes de diuréticos: las tiazidas y derivados, los diuréticos
del asa de Henle y los ahorradores de potasio.
Las
tiazidas actúan principalmente en la porción proximal del túbulo
contorneado distal, inhibiendo el cotransporte Na+-Cl- y aumentando
la excreción urinaria de estos iones. Estos fármacos tienen una
eficacia antihipertensiva superior a los diuréticos del asa, por lo
que son preferibles en el tratamiento de la hipertensión arterial,
salvo que ésta se asocie con insuficiencia renal, en cuyo caso se
utilizarán diuréticos del asa, ya que las tiazidas pierden su
efecto. Las tiazidas más utilizadas en nuestro país son la
hidroclorotiazida y la clortalidona, así como el derivado
indapamida que además se presenta en una formulación de liberación
sostenida.
Los diuréticos
del asa de Henle (furosemida y torasemida) ejercen su función en la
zona medular de la rama ascendente del asa de Henle. Su mecanismo de
acción consiste en la inhibición del cotransporte Na+-K+-Cl-,
con lo que se bloquea la reabsorción activa de sodio. Al igual que
las tiazidas, estos fármacos producen una pérdida importante de
potasio en la orina.
El tercer
grupo de diuréticos lo constituyen la espironolactona y la
amilorida. Esta última sólo se utiliza en asociación con tiazidas
para evitar la hipopotasemia inducida por estas últimas. Por su
parte, la espironolactona es un antagonista de los receptores de la
aldosterona, por lo que inhibe la reabsorción de sodio en el túbulo
distal. La espironolactona tiene además propiedades antifibróticas
y antiproliferativas, derivadas del bloqueo de la acción de la
aldosterona, especialmente a nivel cardíaco y vascular. El
tratamiento con espironolactona ha demostrado alargar la
supervivencia y mejorar el pronóstico de los pacientes con
insuficiencia cardíaca congestiva10. En la actualidad se
están desarrollando otros antagonistas de la aldosterona con una
acción más específica sobre el receptor, lo que presuntamente
evitará algunos efectos secundarios de la espironolactona,
especialmente la ginecomastia.
En el
tratamiento de la HTA se recomienda la utilización de un diurético
tiazídico o derivado, ya sea sólo o asociado con un diurético
ahorrador de potasio. Los diuréticos del asa deben reservarse para
los pacientes con insuficiencia renal o cardíaca asociadas. Además,
los diuréticos constituyen una buena terapia de asociación,
especialmente con bloqueantes betaadrenérgicos, IECA o ARAII, al
presentar mecanismos de acción complementarios y disminuir la
incidencia de efectos secundarios.
Los
efectos secundarios de los diuréticos son relativamente frecuentes,
especialmente a nivel bioquímico, lo que limita su utilización y
matiza su bajo coste. El más importante es sin duda la
hipopotasemia, que aparece tanto con diuréticos tiazídicos o del
asa. La aparición de hipopotasemia puede compensar el teórico
efecto beneficioso de los diuréticos en la morbimortalidad
cardiovascular. De hecho, un análisis a posteriori del estudio SHEP
demuestra que los pacientes ancianos con HTA sistólica aislada que
desarrollan hipopotasemia durante el tratamiento diurético, no
presentan una disminución de la incidencia de eventos
cardiovasculares respecto a placebo11. Otros efectos
secundarios del tratamiento diurético son la hiperpotasemia con la
utilización de antialdosterónicos, especialmente si se utilizan en
combinación con IECA, ARAII o en pacientes con deterioro de la
función renal; la hipomagnesemia, por pérdidas urinarias, la
hiperuricemia con los diuréticos tiazídicos que interfieren en la
secreción tubular, la hiperglicemia, con tiazidas a dosis elevadas
o con diuréticos del asa, la hiperlipidemia, la impotencia y la
disminución de la libido.
Betabloqueantes
Los betabloqueantes son fármacos que han sido ampliamente
utilizados en la práctica médica como antiarrítmicos y
antianginosos, comprobándose posteriormente su efecto
antihipertensivo. El primer betabloqueante utilizado como fármaco
antihipertensivo fue el propranolol, desarrollándose posteriormente
un gran número de derivados que difieren entre sí por sus
propiedades farmacológicas, tales como su cardioselectividad,
actividad simpaticomimética intrínseca, actividad estabilizante de
la membrana, liposolubilidad o bloqueo alfa asociado, lo que
confiere a esta familia de fármacos una gran heterogeneidad. Los
principales compuestos utilizados en nuestro país son el atenolol,
bisoprolol, metoprolol, propranolol, nebivolol y carvedilol, éste
último con actividad de bloqueo alfa asociado.
Los
betabloqueantes reducen la presión arterial en pacientes
hipertensos, pero no en sujetos normotensos. Además atenúan la
respuesta presora inducida por el ejercicio dinámico pero no por el
ejercicio isométrico. No obstante, los mecanismos responsables de
su efecto hipotensor no están dilucidados. Entre ellos se han
implicado:
1.
Disminución del gasto cardíaco
El
tratamiento agudo con betabloqueantes reduce el gasto cardíaco,
pero no se acompaña de una reducción paralela de la presión
arterial, ya que se produce un aumento reflejo de las resistencias
vasculares periféricas. El descenso de la presión arterial se
produce tras varios días de tratamiento, cuando las resistencias
vasculares vuelven a los valores basales y se mantiene el gasto cardíaco
disminuído.
2.
Inhibición de la actividad renina plasmática (ARP)
Es
conocido que el bloqueo de los receptores ß1 de las células
yuxtaglomerulares inhibe la liberación de renina. Algunas
evidencias apuntan a que esta inhibición jugaría un papel
importante en su efecto hipotensor. Los betabloqueantes son más
efectivos en sujetos jóvenes que en ancianos y la ARP es superior
en aquéllos que en estos últimos. Además, la asociación de
betabloqueantes y IECA, fármacos que bloquean el sistema
renina-angiotensina, no tiene efecto sinérgico. Ciertos hechos
indican que el efecto hipotensor de los betabloqueantes no puede
atribuirse únicamente a este mecanismo. En primer lugar, no existe
correlación entre el efecto antihipertensivo de los betabloqueantes
y los niveles de ARP. Además, las dosis necesarias para inhibir la
ARP son inferiores a las dosis precisas para obtener un efecto
hipotensor.
3.
Efecto sobre el sistema nervioso central (SNC)
Se ha
postulado que los betabloqueantes podrían ejercer su efecto
hipotensor a nivel del SNC, ya que se ha demostrado que su infusión
intraventricular en animales de experimentación reduce el tono simpático
e induce un descenso de la presión arterial. Sin embargo, los
betabloqueantes hidrofílicos, que atraviesan escasamente la barrera
hematoencefálica, tienen un efecto hipotensor similar a los
betabloqueantes liposolubles.
4.
Incremento de la sensibilidad de los barorreceptores
Se ha
sugerido que el tratamiento crónico con betabloqueantes produciría
un reajuste de los barorreceptores, aunque es dudoso que este
mecanismo juegue un papel en su efecto antihipertensivo.
5.
Bloqueo de los receptores ß2-presinápticos
Los
receptores b2-adrenérgicos a nivel presináptico
facilitan la liberación de noradrenalina por la terminal nerviosa
simpática, por lo que su bloqueo reduciría el tono alfa-adrenérgico
vascular favoreciendo la vasodilatación. Este mecanismo explicaría
el descenso de las resistencias vasculares que se produce al cabo de
algunos días de tratamiento con betabloqueantes. Sin embargo, el
hecho de que los betabloqueantes ß1-selectivos reduzcan la presión
arterial de forma similar a los no selectivos y que los agentes
bloqueantes ß2-selectivos carezcan de efecto hipotensor cuestionan
la importancia de este efecto.
6. Aumento
de los niveles plasmáticos y excreción urinaria de
prostaglandinas
Se ha
observado que el tratamiento prolongado con betabloqueantes produce
un aumento de los niveles plasmáticos y de la excreción urinaria
de prostaciclina y PGE2. Por otra parte, el uso de
antinflamatorios no esteroideos, que inhiben la síntesis de
protaglandinas, atenúa el efecto antihipertensivo de los
betabloqueantes. Por ello, el aumento de la síntesis renal y
vascular de prostaglandinas vasodilatadoras podría ser uno de los
mecanismos que medien el efecto hipotensor de estos fármacos.
7.
Disminución de los niveles de calcio citosólico
La HTA se
caracteriza por un aumento de la concentración intracelular de
calcio en la fibra muscular lisa, lo que favorece la vasoconstricción
y el aumento de las resistencias vasculares. Se ha demostrado que la
reducción de la PA obtenida con el tratamiento betabloqueante se
acompaña de una disminución de los niveles de calcio citosólico
en hematíes y plaquetas.
Actualmente
se acepta que ninguno de los mecanismos expuestos explicaría
aisladamente el efecto hipotensor de los betabloqueantes, por lo que
debemos considerar que existe más de un mecanismo responsable y que
la importancia relativa de cada uno de ellos varía entre los
distintos betabloqueantes.
Los
betabloqueantes han demostrado ampliamente su eficacia, tanto en
monoterapia como asociados, en el tratamiento de la hipertensión
arterial ligera-moderada, así como en la prevención de sus
complicaciones cardiovasculares. Son relativamente más eficaces que
los diuréticos en la prevención de la enfermedad coronaria12,
han sido los primeros fármacos que han demostrado una prevención
clara del reinfarto en pacientes con cardiopatía isquémica13
y aumentan la supervivencia en los pacientes con insuficiencia cardíaca14-16.
En general, la respuesta hipotensora a los betabloqueantes es mayor
en los pacientes hipertensos jóvenes, los varones y los sujetos de
raza blanca. Estos fármacos están especialmente indicados en la
hipertensión que cursa con renina elevada, gasto cardíaco elevado,
taquiarritmias, cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca,
miocardiopatía hipertrófica, estrés, ansiedad, migraña o
hipertiroidismo. Por otro lado, su eficacia antihipertensiva es
inferior en sujetos ancianos o de raza
negra.
Los
betabloqueantes no están exentos de efectos secundarios que limitan
su uso. Los más importantes se derivan de su acción sobre el corazón,
es decir, la bradicardia y la depresión de la conducción AV, y por
su efecto inotrópico negativo que puede descompensar un cuadro de
insuficiencia cardíaca al inicio del tratamiento, a pesar de que a
la larga el efecto es beneficioso. A nivel pulmonar pueden provocar
broncoespasmo en pacientes asmáticos o con enfermedad pulmonar
obstructiva crónica por bloqueo de los receptores ß2 bronquiales.
De utilizarse en estos individuos deben prescribirse betabloqueantes
cardioselectivos y debe estrecharse la vigilancia. A nivel vascular
periférico, el bloqueo de los receptores ß2 de la pared
vascular causa vasoconstricción, por lo que pueden causar frialdad
de extremidades o empeorar una enfermedad de Raynaud o una
claudicación intermitente preexistente. A nivel del sistema
nervioso central, los betabloqueantes liposolubles, que son capaces
de atravesar la barrera hematoencefálica, pueden provocar
trastornos del sueño, como pesadillas o alucinaciones, depresión o
alteraciones a nivel de la esfera sexual. Finalmente, a nivel metabólico,
el bloqueo beta puede reducir la actividad de la lipoproteinlipasa
dando lugar a un aumento de las VLDL y de los triglicéridos, así
como un descenso del HDL-colesterol, lo que podría empeorar el
perfil aterogénico de algunos pacientes. Asimismo, los
betabloqueantes deben administrarse con cautela a enfermos con
diabetes mellitus, dado que pueden bloquear la descarga catecolamínica
que se produce en las hipoglucemias agravándola y enmascarando su
clínica. Además, recientemente se ha sugerido la posibilidad de un
mayor desarrollo de diabetes mellitus en pacientes hipertensos
tratados durante largos períodos de tiempo con betabloqueantes, en
contraposición con el resto de fármacos17. A pesar de
ello, el tratamiento con betabloqueantes es capaz de prevenir las
complicaciones micro y macro vasculares de la diabetes de forma
similar a los IECA18.
Los
betabloqueantes potencian los efectos antihipertensivos de otros fármacos
como los vasodilatadores, calcioantagonistas, diuréticos o
alfabloqueantes. Su asociación con calcioantagonistas tipo
verapamilo o diltiazem aumenta el riesgo de hipotensión,
bradicardia, bloqueo AV e insuficiencia cardíaca. La asociación
con digoxina incrementa el riesgo de bradicardia y bloqueo AV, pero
no atenúa el aumento de la contractilidad cardíaca inducida por ésta.
Los antiinflamatorios no esteroideos, como la indometacina, atenúan
el efecto hipotensor de los betabloqueantes al inhibir la síntesis
de prostaglandinas vasodilatadoras.
En suma,
los betabloqueantes son fármacos eficaces en el tratamiento de la
HTA sin complicaciones o en enfermos jóvenes en los que puede
demostrarse un aumento de la frecuencia o del gasto cardíaco, así
como en pacientes con cardiopatía isquémica o insuficiencia
cardíaca.
Están básicamente contraindicados en pacientes con bloqueo
aurículo-ventricular
de 2o y 3er grado, bradicardia (< 45 lpm),
enfermedad del seno e hiperreactividad bronquial, y relativamente
contraindicados en pacientes con enfermedad vascular periférica.
Calcioantagonistas
Al igual que los betabloqueantes, los antagonistas del calcio son fármacos
inicialmente empleados para el tratamiento de la cardiopatía
isquémica,
que posteriormente ampliaron su campo de acción al de la HTA,
gracias a sus propiedades hipotensoras.
Existen
tres grupos principales de calcioantagonistas: las dihidropiridinas
(nifedipino, nitrendipino, nicardipino, amlodipino, felodipino,
lacidipino, lercanidipino y barnidipino), las benzotiazepinas
(diltiazem) y fenilalquilaminas (verapamilo). Mientras que la
primera tiene un efecto predominantemente vascular, las dos últimas
familias poseen acciones cardíacas, electrofisiológicas y
vasculares.
El
mecanismo de acción de estos fármacos consiste en la inhibición
de los canales de calcio dependientes del potencial de membrana y en
el consecuente bloqueo de la entrada de calcio al interior celular.
El descenso de la concentración de calcio libre citosólico en las
células musculares lisas arteriolares condiciona la disminución
del tono contráctil, de la resistencia vascular y de las cifras de
presión arterial.
A nivel
cardíaco producen vasodilatación coronaria. Asimismo, tienen un
efecto cronotrópico e inotrópico negativos in vitro. Sin embargo,
estos efectos pueden quedar contrarrestados in vivo por la activación
adrenérgica refleja en el caso de las dihidropiridinas, aunque se
mantiene con el verapamilo y diltiazem. También son capaces de
reducir la hipertrofia ventricular izquierda, aunque evitan la
progresión de la ateromatosis.
A nivel
vascular los calcioantagonistas mejoran la distensibilidad arterial
a nivel de grandes vasos. También inhiben la agregación
plaquetaria con una potencia similar al dipiridamol, probablemente
por bloqueo de la entrada de calcio en la plaqueta. Los
calcioantagonistas tienen un efecto neutro sobre el metabolismo
hidroelectrolítico, hidrocarbonado y lipídico.
A pesar
de que son fármacos que vienen siendo utilizados desde hace casi
dos décadas, su eficacia en la prevención primaria de la
enfermedad cardiovascular data de estudios recientes, mientras que
su eficacia en prevención secundaria está todavía por demostrar.
El tratamiento con calcioantagonistas disminuye la tasa de AVC en
pacientes ancianos con HTA sistólica aislada19 y la
enfermedad coronaria en pacientes con HTA en los que se reduce la PA
hasta 80 mmHg20. Recientemente se han publicado tres estudios
(STOP-26, NORDIL7 e INSIGHT8) que
comparan el grado de protección del tratamiento calcioantagonista
(dihidropiridinas y diltiazem) con el tratamiento diurético y/o
betabloqueante en la HTA. Los datos que se derivan de todos ellos es
que los calcioantagonistas poseen un efecto protector similar al de
los tratamientos antihipertensivos convencionales, por lo que
respecta a la prevención de morbilidad y mortalidad cardiovascular6,8.
Las
dihidropiridinas producen una vasodilatación arteriolar que es la
causa del descenso de presión. Su mayor desventaja consiste en la
frecuente aparición de efectos secundarios en casi una tercera
parte de los pacientes. Dichos efectos secundarios son derivados de
la vasodilatación cutánea y se manifiestan principalmente por
cefalea, sofocación y edemas maleolares. Los dos primeros efectos
han ido disminuyendo en frecuencia con la comercialización de la
nuevas dihidropiridinas de vida media más larga, aunque los edemas
maleolares siguen siendo una causa que obliga a la suspensión del
tratamiento en casi un 10 % de los pacientes.
El
verapamilo y el diltiazem tienen una acción vasodilatadora periférica
inferior a la de las dihidropiridinas. Son mejor tolerados aunque su
potencia antihipertensiva es claramente menor. Estos dos fármacos
actúan también a nivel cardíaco inhibiendo la actividad del nódulo
sinusal y la conducción aurículo-ventricular, por lo que están
contraindicados en pacientes con trastornos de la conducción. Además,
en pacientes con insuficiencia cardíaca el verapamilo y el
diltiazem están desaconsejados por sus efectos inotrópicos
negativos. Asimismo, es desaconsejable su asociación con
betabloqueantes por la sinergia de sus efectos a nivel cardíaco. El
verapamilo puede producir estreñimiento importante que en ocasiones
obliga a retirar el tratamiento.
En suma,
los calcioantagonistas son fármacos eficaces en el tratamiento de
la HTA, al disminuir sus complicaciones cardiovasculares. Los
calcioantagonistas están especialmente indicados en pacientes
hipertensos de edad avanzada, de raza negra o con niveles bajos de
actividad renina plasmática. También están indicados en pacientes
con enfermedad cerebrovascular o en pacientes asmáticos.
Inhibidores
de la Enzima de Conversión de la Angiotensina
Los primeros IECA fueron una serie de péptidos obtenidos del veneno
de una víbora brasileña, la Bothrops jararaca. A pesar de su
capacidad para producir descensos de la PA, el que hubieran de ser
administrados por vía parenteral y tuvieran una acción fugaz los
hizo inútiles para la práctica clínica. Posteriormente, la
investigación farmacéutica sintetizó el captopril, el primer IECA
activo por vía oral. Tras una década de utilización del captopril
han aparecido multitud de sustancias con capacidad de inhibir la ECA
que difieren básicamente del captopril por tener una vida media más
prolongada, lo que permite su utilización en una sola dosis diaria.
El
mecanismo de acción de los IECA es debido a la inhibición de la
formación de angiotensina II a partir de la angiotensina I. Si su
efecto hipotensor es debido fundamentalmente a su acción sobre la
angiotensina II circulante o sobre la generada a nivel tisular es
todavía una incógnita. Los IECA producen, asimismo, una disminución
de la secreción de aldosterona inducida por la angiotensina II e
impiden la degradación de bradiquinina, aumentando los niveles de
dicho péptido vasodilatador.
Los IECA
son actualmente considerados fármacos de primer escalón en el
tratamiento de la HTA y han demostrado su capacidad de prevenir
eventos cardiovasculares en pacientes hipertensos no complicados
(estudios CAPPP5 y STOP-26). En terapia
combinada son especialmente eficaces en asociación con diuréticos
tiazídicos o del asa, ya que previenen la formación de
angiotensina II inducida por la activación de la secreción de
renina producida por los diuréticos. La asociación con
calcioantagonistas es asimismo eficaz, dado que bloquean el aumento
reflejo en la actividad del sistema renina-angiotensina que inducen
muchos calcioantagonistas, especialmente de la familia de las
dihidropiridinas. El éxito terapéutico de esta clase farmacológica
ha motivado la comercialización de un gran número de moléculas de
la misma familia con muy pequeñas diferencias entre ellas. En
nuestro país se dispone de captopril, enalapril, quinapril,
lisinopril, ramipril, perindopril, cilazapril, fosinopril,
benazepril, trandolapril y espirapril.
Una de
las mayores ventajas que poseen los IECA es que pueden administrarse
de manera segura en la mayoría de situaciones en las que la HTA va
acompañada de otras patologías asociadas. Los IECA reducen la
hipertrofia ventricular izquierda y diversos estudios muestran además
una clara mejoría de la supervivencia de los pacientes con infarto
de miocardio y disfunción ventricular tras el tratamiento con IECA21,22.
Los IECA han revolucionado asimismo el tratamiento de la
insuficiencia cardíaca congestiva en la última década,
demostrando una mejoría de la supervivencia en los pacientes
tratados con dichos fármacos23,24. Además, los IECA
mejoran la distensibilidad arterial de grandes vasos y parecen tener
un efecto antiaterosclerótico en animales de experimentación. En
la enfermedad cerebrovascular y en la arteriopatía periférica
reducen la PA sin disminuir el flujo cerebral o periférico.
Finalmente, los IECA están especialmente indicados en la HTA
asociada a la diabetes mellitus, dada su capacidad de prevención de
las complicaciones micro y macrovasculares18, de la
enfermedad coronaria y de la progresión de la nefropatía25.
Los IECA
están contraindicados durante el embarazo y la lactancia y deben
utilizarse con extremas precauciones en la HTA vasculorrenal, dado
que pueden precipitar un fracaso renal agudo en individuos
monorrenos o con estenosis bilateral de la arterial renal.
Los
efectos secundarios de los IECA son principalmente la aparición, en
algunos pacientes, de tos seca no productiva, cuyo mecanismo es en
la actualidad desconocido, aunque podría estar relacionado con la
liberación de bradiquinina. También se han descrito casos aislados
de angioedema, el cual aparece con las primeras dosis y refleja,
probablemente, un fenómeno de hipersensibilidad. En pacientes con
insuficiencia renal pueden producir un deterioro transitorio de la
función renal debido a la disminución en el filtrado glomerular.
En
resumen, los IECA son un grupo farmacológico de gran eficacia en la
HTA, tanto no complicada, como asociada a complicaciones
cardiovasculares, especialmente cardíacas.
Antagonistas
de los Receptores de la Angiotensina II
Son fármacos que producen, al igual que los IECA, un bloqueo del
sistema renina-angiotensina, mediante el antagonismo específico del
receptor AT1 de la angiotensina II. Al primer antagonista del
receptor AT1 descubierto, el losartán, le han seguido la aparición
de otras moléculas como el valsartán, irbesartán, candesartán,
telmisartán y eprosartán. Se ha sugerido que el bloqueo específico
del receptor AT1 de la angiotensina II desplazaría a dicha molécula
hacia otros subtipos de receptores, como el AT2, de efectos
supuestamente antiproliferativos y proapoptóticos. No obstante, la
relevancia clínica de dichas propiedades farmacológicas es hoy por
hoy, meramente especulativa.
En
pacientes con HTA, la administración de los ARAII desciende la PA a
valores normales en aproximadamente la mitad de los pacientes
hipertensos. Debido a la acción sinérgica, dicho efecto aumenta
cuando se administra de forma simultánea un diurético. Por su
peculiar y específico mecanismo de acción, su efecto
antihipertensivo es aditivo al de los IECA, con los que puede
asociarse para bloquear a niveles distintos el sistema
renina-angiotensina. El inicio de acción es más gradual que el
obtenido con los IECA, probablemente debido a la ausencia del efecto
sobre la bradiquinina. Al igual que los IECA, la disminución de la
PA con estos fármacos no se acompaña de taquicardia refleja y a
diferencia de aquéllos no causan tos ni angioedema. Este hecho hace
que los ARAII estén particularmente indicados en pacientes que
hayan presentado una respuesta favorable a los IECA, pero en los que
dicho tratamiento haya tenido que suspenderse por la tos. En
cualquier caso, de entre todos los antihipertensivos son los mejor
tolerados (sus efectos adversos son similares al placebo) y con
eficacia similar, lo que los convierte en fármacos de primera
elección.
No
existen hasta el momento estudios finalizados que hayan evaluado el
efecto de los ARAII sobre la protección cardiovascular en la HTA no
complicada, aunque varios de ellos están en fase de desarrollo. Sí
se conocen algunos datos sobre estudios de mortalidad en pacientes
con insuficiencia cardíaca. Hasta el momento los dos estudios
finalizados han demostrado un efecto similar al obtenido con IECAS
(ELITE II26). Por lo que respecta a la combinación IECA
y ARAII, el estudio VAL-HefT27 ha demostrado una mejoría
del objetivo combinado de mortalidad y empeoramiento del fallo cardíaco
frente a IECA solo. Finalmente, y al igual que los IECA, se
encuentran contraindicados en mujeres embarazadas o lactantes.
Alfabloqueantes
El único alfabloqueante útil en el tratamiento de la HTA es
actualmente la doxazosina, que actúa bloqueando específicamente
los receptores alfa1-postsinápticos. Tiene la ventaja de
producir un descenso del LDL-colesterol y de los triglicéridos y un
aumento del HDL-colesterol, así como de mejorar la resistencia a la
insulina y la sintomatología debida a la hi-perplasia benigna de próstata.
Los alfabloqueantes pueden utilizarse asociados a diuréticos,
betabloqueantes, calcioantagonistas, IECA y antagonistas de los
receptores de la angiotensina II.
La
principal desventaja de su utilización, que era la aparición del
«síndrome de la primera dosis» consistente en un descenso brusco
de la PA con hipotensión ortostática y en algunos casos síncope,
al inicio del tratamiento con prazosina o después de aumentos
bruscos de su dosis, no lo presenta la doxazosina, cuya formulación
de liberación lenta minimiza dichos efectos adversos. El papel de
la doxazosina en el tratamiento de la HTA en monoterapia ha sido
recientemente cuestionado al detectarse un aumento en la incidencia
de insuficiencia cardíaca en comparación con el tratamiento diurético,
hecho que ha motivado la suspensión de la rama de tratamiento con
doxazosina en el estudio ALLHAT9.
Simpaticolíticos
de Acción Central
Los fármacos hipotensores centrales han sido probablemente los más
utilizados en nuestro país hasta la década de los 80,
especialmente la reserpina y la alfametildopa, aunque posteriormente
su uso se ha ido reduciendo debido a la elevada frecuencia de
efectos secundarios, entre los que destacan la depresión, vértigo,
hipotensión ortostática y sequedad de boca, lo que interfiere
considerablemente con la calidad de vida de los pacientes. Además
presentan numerosas interacciones farmacológicas con otros
medicamentos, lo que dificulta su administración.
Estos fármacos
ejercen su acción mediante la estimulación de los receptores alfa2-adrenérgicos
a nivel del sistema nervioso central, reduciendo el tono simpático
periférico. Recientemente, se han sintetizado dos nuevas moléculas,
la moxonidina y la rimelnidina, que estimulan de forma más específica
el subtipo de receptores imidazolínicos I1, hecho que parece
constituir una ventaja por la menor aparición de efectos
secundarios a nivel central.
Vasodilatadores
Son fármacos que actúan directamente sobre la pared vascular
produciendo su relajación y la consiguiente reducción de las
resistencias periféricas totales.
El
inconveniente principal radica en el aumento del tono simpático que
sigue a la vasodilatación, y que se manifiesta por una taquicardia
refleja, un aumento del gasto cardíaco y del consumo miocárdico de
oxígeno. Asimismo, aumentan la liberación de renina por el aparato
yuxtaglomerular, lo que conlleva una retención de sodio y agua.
Estos efectos contrarrestan el efecto hipotensor de estos fármacos
y favorecen la aparición de angina en pacientes coronarios. Además,
el incremento del tono simpático impediría la regresión de la
hipertrofia ventricular izquierda asociada al descenso de presión,
por lo que estos fármacos no pueden utilizarse en monoterapia. Por
otro lado, tampoco mejoran la distensibilidad arterial a nivel de
grandes vasos.
La
hidralazina y el minoxidil son los dos vasodilatadores disponibles
por vía oral. Su uso queda limitado al tratamiento de la hipertensión
refractaria, asociados con otros fármacos hipotensores,
especialmente diuréticos y betabloqueantes y, en el caso de la
hidralazina, a la HTA inducida por el embarazo. Durante el
tratamiento con hidralazina se ha descrito un síndrome similar al
lupus, con fiebre, exantema, artralgias y mialgias. El principal
efecto secundario del minoxidil es el hirsutismo, el cual puede
limitar su uso, especialmente en mujeres. Estos fármacos están
contraindicados en pacientes con cardiopatía isquémica por el
riesgo de agravar su clínica al aumentar la demanda miocárdica de
oxígeno. El diazóxido y el nitroprusiato son vasodilatadores de
uso intravenoso y su indicación se limita al tratamiento de las
emergencias hipertensivas.
Nuevos
Grupos o Moléculas
de Posible Utilización en el Futuro
El descubrimiento de la existencia de la endotelina, un péptido
vasoconstrictor sintetizado en la célula endotelial y de enorme
potencia, originó la posibilidad del desarrollo de antagonistas de
sus receptores que evitaran los efectos de este péptido endógeno.
El antagonista del receptor más desarrollado es el bosentan, que se
une de forma no competitiva al receptor de la endotelina y evita la
acción de esta última. Hasta el momento un estudio clínico en
casi 300 pacientes hipertensos ha demostrado un efecto
antihipertensivo similar al de enalapril, sin observarse activación
refleja de los sistemas nervioso simpático o renina-angiotensina.
Otro de
los grupos de fármacos de reciente desarrollo es el de los
inhibidores de la vasopeptidasa. A pesar de que se les conoce por
este nombre, en realidad se trata de moléculas inhibidoras de la
ECA que además tienen la capacidad de inhibir las endopeptidasas
que catabolizan los péptidos natriuréticos, principalmente el péptido
natriurético atrial. De esta manera combinan un efecto de inhibición
de la formación de angiotensina II (al inhibir la ECA) con otro de
aumentar los niveles de péptidos natriuréticos y vasodilatadores
(al inhibir las endopeptidasas que los inactivan). La molécula más
desarrollada de esta familia es el omapatrilato. Estudios
preliminares sugieren una potencia antihipertensiva similar a la
combinación de un IECA con diurético, aunque con la aparición
frecuente de efectos secundarios consistentes en rubefacción cutánea.
TABLA
3.
Principales indicaciones y contraindicaciones de las
seis clases de fármacos antihipertensivos considerados como de
primera línea |
| Clase
de fármaco |
Indicaciones
establecidas |
Posibles
indicaciones |
Contraindicaciones
establecidas |
Posibles
contraindicaciones |
| Diuréticos |
Insuficiencia
cardíaca
Pacientes ancianos
|
Diabetes
|
Gota
|
Dislipemia
Varones sexualmente activos |
| Bloqueantes
beta |
HTA
sistólica
Angina de esfuerzo
Postinfarto
Taquiarritmias
|
Insuficiencia
cardíaca
Embarazo
|
Asma
y EPOC
Bloqueo A-V de 2o 3er grado
|
Dislipemia |
| IECA |
Insuficiencia
cardíaca
Disfunción ventricular izquierda
Postinfarto
Nefropatía diabética
|
|
Embarazo
Hiperpotasemia
Estenosis bilateral de la A. renal
|
|
| Antagonistas
del calcio |
Angina
Pacientes ancianos
HTA sistólica |
Enfermedad
vascular periférica |
Bloqueo
A-V de 2º y
3er grados* |
Insuficiencia
cardíaca congestiva* |
| Bloqueantes
alfa |
Hipertrofia
de
próstata
|
Intolerancia
a la glucosa
Dislipemia |
|
Hipotensión
ortostática |
| ARA-II |
Tos
con IECA
|
Insuficiencia
cardíaca
|
Embarazo
Hiperpotasemia
Estenosis bilateral de la A. renal
|
|
| *
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