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HTA
Hipertensión Arterial
Pared
arterial y presión arterial ambulatoria
En la hipertensión arterial (HTA) la morbimortalidad cardiovascular está
principalmente ligada a la lesión que se produce a nivel de las grandes
arterias1. Ésta se manifiesta por alteraciones
funcionales y estructurales que van desde cambios en la elasticidad de
la pared arterial hasta el desarrollo de lesiones ateromatosas.
Utilizando distinta metodología, diversos estudios han descrito las
alteraciones de la elasticidad de la pared arterial que se encuentran en
los pacientes con HTA. Éstas están directamente relacionadas tanto con
los niveles de PAS como con la edad, de forma que existe una reducción
progresiva de la elasticidad a lo largo de los años y la presencia de
HTA actúa como un acelerador del reloj biológico de envejecimiento
arterial1, 2. La coexistencia de otros factores
como hipercolesterolemia, alteraciones del metabolismo hidrocarbonado y
tabaquismo amplifican los cambios en las paredes vasculares3,
extremos éstos a los que no haremos mención en la presente revisión,
pero que siempre deben tenerse presentes.
La disminución progresiva de la elasticidad vascular reduce la
capacidad de amortiguación del bolo sanguíneo impulsado por el ventrículo
izquierdo durante la sístole, incrementa la velocidad de propagación
de la onda del pulso y magnifica el papel que la onda de retorno tiene
sobre la morfología y dimensiones de la onda del pulso1. Ello se
traduce en un aumento de la presión arterial sistólica (PAS),
disminución de la diastólica (PAD) y aumento de la presión del pulso
(PP). En estas condiciones de disminución de la elasticidad existe una
mayor tensión sobre las paredes de las arterias, facilitando el
desarrollo de su lesión, y se incrementa el trabajo del ventrículo
izquierdo, favoreciendo el desarrollo de hipertrofia1, 4.
Los cambios en la onda del pulso que se generan con la pérdida de la
elasticidad de las paredes arteriales se resumen en la figura 1.
El descenso de los valores de PA mediante el tratamiento
antihipertensivo permite reducir el efecto deletéreo que sobre la pared
arterial tiene la hipertensión. Sin embargo, no todos los agentes
antihipertensivos ejercen el mismo efecto sobre la elasticidad vascular.
Su diferente impacto en el sistema adrenérgico, sistema
renina-angiotensina y sensibilidad de los barorreceptores condiciona que
existan cambios en la elasticidad que van más allá del efecto del
descenso per se de PA5.
En los últimos años se ha puesto de manifiesto el significado pronóstico
de estos cambios en la elasticidad arterial, manifestados por un
incremento en la PP (comunicación personal). El estudio de sus
determinantes y del impacto de los fármacos antihipertensivos sobre la
misma centran en la actualidad muchos esfuerzos de investigación. La
monitorización ambulatoria de la presión arterial (MAPA) como
instrumento para mejor precisar los valores de PA y sus diferentes
componentes no ha sido ajena a esta corriente. A lo largo del presente
trabajo vamos a revisar cuáles son las relaciones existentes entre las
alteraciones funcionales en los grandes vasos y los parámetros
obtenidos con la MAPA.
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Fig. 1. Morfología de la onda del pulso. |
Métodos clínicos para el estudio de los grandes vasos
El método más sencillo para evaluar el estado de los grandes vasos es
determinar la PP, bien a partir de las medidas de PA en la clínica o
bien desde la MAPA. Sin duda alguna aunque la PP puede ser un indicador
razonable a nivel poblacional, su menor precisión individual y la
dependencia de varios factores han hecho que se desarrollen diversos métodos
más precisos y sensibles para poder medir las alteraciones de las
paredes de los grandes vasos. A estos métodos, además de una buena
precisión y sensibilidad, se les exige la comodidad para su realización
y la posibilidad de su repetición cuantas veces sea necesario, por lo
que debían ser métodos no cruentos.
En los últimos años se han desarrollado un gran número de ellos6, que
podemos agruparlos en:
1) Métodos para la medida de la presión del pulso en cualquier
territorio del árbol vascular utilizando tonometría por aplanamiento.
2) Métodos de ultrasonidos, bien utilizando señales Doppler para
medir la velocidad del flujo sanguíneo, imágenes estáticas de las
paredes arteriales que determinan el grosor de la íntima y la media o
imágenes dinámicas para medir directamente la distensión de la pared
vascular7.
3) Métodos de medida de la velocidad de la onda del pulso. El más
conocido de ellos es el que determina la velocidad de la onda del pulso
desde la arteria carótida a la femoral. Merece especial mención por su
relación con la MAPA un método desarrollado por Gosse et al8
mediante el cual se puede medir el tiempo entre el inicio de la
despolarización ventricular en el electrocardiograma y la detección a
nivel de la arteria braquial del último sonido de Korotkoff. Este
intervalo de tiempo, llamado por estos autores QKD, está inversamente
relacionado con la velocidad de propagación de la onda del pulso.
Aunque en la actualidad existe un prototipo comercializado, no ha tenido
gran aceptación fuera del ámbito de los grupos que lo desarrollaron.
4) Métodos que analizan la interacción entre la eyección del
ventrículo izquierdo y el sistema arterial, desarrollados por
investigadores australianos9 y que utilizando
tonometría por aplanamiento se calculan los perfiles del pulso aórtico10,
11.
Alteraciones de la pared vascular en la HTA: factores que las modulan
La disminución de la elasticidad arterial se acompaña
indefectiblemente de un aumento en la presión del pulso, aumento que va
unido a una serie de alteraciones mensurables como son los cambios en el
diámetro vascular, en la relación entre presión-distensión y en la
velocidad de la onda del pulso, ya que estos parámetros dependen de la
presión que la onda del pulso ejerce sobre las paredes1.
Varios han sido los estudios clínicos que han resaltado el papel de los
valores de PA y de la edad como los factores más importantes que
influencian los índices de alteración en la elasticidad de las paredes
arteriales.
En cuanto al diámetro vascular y sus cambios con la presión, fisiológicamente
la relación entre presión y diámetro no es lineal y tiene dos
diferentes fases. En valores bajos de presión la pendiente de la curva
es más vertical debido al mayor efecto de la presión sobre las fibras
de elastina y el músculo liso vascular. En valores altos la curva es más
plana debido al efecto sobre las fibras de colágena. El mayor contenido
en colágena en edades más avanzadas reduce la capacidad de distensión.
La capacidad elástica de la pared arterial está, pues, en función de
la presión intraarterial, de forma que a menor elasticidad mayor
velocidad6.
Debido al efecto de la presión intraluminal sobre la elasticidad y que
la propagación de la onda del pulso está en función de la elasticidad
arterial, la velocidad de la onda del pulso se relaciona directamente
con la presión de distensión que se ejerce sobre la pared. La edad,
que aumenta la rigidez arterial por el mayor contenido en colágena, la
calcificación de la media y la pérdida de elasticidad, es el otro
componente principal de la velocidad de la onda del pulso.
Junto a la presión del pulso existen otros factores de consideración
que determinan la elasticidad de las paredes vasculares y la velocidad
de la onda del pulso. El primero de ellos es la frecuencia cardíaca1,
6. El componente viscoso de la pared arterial es altamente
dependiente de frecuencia, con lo que a valores más elevados de
frecuencia cardíaca se acompaña de una reducción en la
distensibilidad.
La importancia de la frecuencia cardíaca es de
particular importancia debido a que:
a) múltiples estudios epidemiológicos
han demostrado que la frecuencia cardíaca elevada se asocia a una mayor
morbimortalidad cardiovascular;
b) el estiramiento cíclico de la pared
vascular produce un estímulo para la síntesis de matriz en las
arterias de resistencia, y
c) facilita el desarrollo de arterioesclerosis por el trastorno del
flujo laminar y su transformación en turbulento a nivel de las
bifurcaciones vasculares de las arterias de conducción.
El segundo es la actividad del sistema nervioso adrenérgico. Su
activación reduce la distensibilidad vascular y la sensibilidad de los
barorreceptores, aumenta la frecuencia cardíaca y modula el descenso de
frecuencia cardíaca tras los cambios necesarios como respuesta a
distintas actividades.
Por último, recientemente se ha analizado qué importancia podrían
tener factores genéticos en el desarrollo de estas alteraciones
funcionales, basándose en la asociación con diversos polimorfismos del
sistema renina-angiotensina. De entre éstos, la presencia del alelo C
del polimorfismo A1166C, situado en la región 3’ del gen del receptor
AT1 para la angiotensina II, se ha asociado a mayor rigidez arterial
independientemente de los valores de PA12, 13.
La importancia de cada uno de los factores esbozados con anterioridad es
variable en diversas situaciones y puede explicar la relación observada
con los diferentes parámetros que se obtienen con la MAPA y que
describimos a continuación.
Alteraciones de la pared arterial y presión arterial ambulatoria
Tras el primer trabajo del grupo de París relacionando la
distensibilidad arterial con la PA obtenida mediante MAPA14 varios
estudios han estudiado las relaciones existentes entre las alteraciones
en los grandes vasos y los parámetros obtenidos con la MAPA. Éstos se
han centrado en estudiar la relación de la distensibilidad vascular con
los valores medios de PA en diferentes momentos del día y con medidas
de la variabilidad.
Los niveles de PA ambulatoria se han relacionado con la distensibilidad
y el coeficiente de compliance a nivel de la carótida y con la
velocidad de la onda del pulso2, 15. En todos los
estudios la relación es muy superior a la obtenida con las PA clínicas
medidas mediante esfigmomanómetro de mercurio. La mayor precisión de
los valores de PA, al ser la media de un gran número de medidas,
explica fácilmente esta mejor asociación16, 17.
Aunque no se han analizado de forma directa, cuando estudiamos la relación
de la PA con la función arterial no deberíamos perder de vista cuál
es el método utilizado para la medida de la PA. Cabe esperar que los
estudios realizados con monitores que midan la PA mediante el método
oscilométrico obtengan valores que difieran de los monitores que miden
mediante el método auscultatorio. Estas diferencias pueden ser
importantes en los niveles extremos de PA tanto muy altos como muy
bajos.
El estudio de la relación entre alteraciones vasculares y la
variabilidad circadiana de la PA ha revelado que los hipertensos con mayor velocidad de la onda del pulso
muestran menor descenso de PA durante el descenso fisiológico nocturno17,
18. La explicación de esta asociación podría derivarse de la
menor sensibilidad de los barorreceptores en los pacientes con mayor
rigidez de la pared arterial y, por tanto, mayor velocidad de la onda
del pulso.
Por último, algunos estudios han analizado la relación entre la
variabilidad intrínseca de la PA y la velocidad de la onda del pulso17.
La mayor velocidad se acompaña de un incremento en la variabilidad intrínseca
medida por la desviación típica de las medidas a lo largo de las 24
horas. De igual modo, la mayor variabilidad de la frecuencia cardíaca,
estimada también por la desviación típica de los valores de
frecuencia cardíaca a lo largo de las 24 horas, también se relaciona
de forma positiva con la velocidad de la onda del pulso.
Esta relación
de la velocidad de la onda del pulso con la variabilidad de PA y
frecuencia cardíaca se hace más manifiesta durante el reposo nocturno,
cuando la actividad adrenérgica es menor16. Al
reducirse la influencia adrenérgica se pone de manifiesto con mayor
facilidad la actividad de los barorreceptores y, como ya hemos
comentado, la menor elasticidad arterial se acompaña de una menor
sensibilidad de los barorreceptores.
De nuevo se puede plantear la pregunta de si las alteraciones observadas
en la pared arterial son la causa o una consecuencia de los valores de
PA más elevados y mantenidos a lo largo de las 24 horas. En cualquier
caso, sea una causa o una consecuencia, la intervención farmacológica
en el tratamiento de la hipertensión arterial debería proporcionar una
reducción adecuada durante las 24 horas con fármacos que tengan además
la capacidad de mejorar la elasticidad arterial, más allá de lo que se
pueda obtener mediante la mera reducción de los valores de PA5.
Cambios en las alteraciones de la pared arterial y presión arterial
ambulatoria con los fármacos antihipertensivos
Diversos estudios experimentales y clínicos5 han
analizado los cambios en los parámetros de elasticidad vascular y su
relación con el descenso de PA. Utilizando medidas de PA obtenidas en
clínica se ha demostrado que para los mismos descensos de PA los fármacos
que bloquean la actividad del sistema renina-angiotensina, los
inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina I (IECA), los
calcioantagonistas y los nitritos mejoran de forma manifiesta las medidas de elasticidad
vascular. Este efecto es superior al obtenido por los fármacos que
bloquean el sistema adrenérgico, que aunque aumentan la elasticidad más
que los diuréticos y los fármacos de acción central no alcanzan la mejoría obtenida con IECA y calcioantagonistas.
Pocos son los estudios que hasta la actualidad han analizado los cambios
en los parámetros de función arterial cuando se controlan los valores
de PA mediante MAPA. Herpin et al19 evaluaron
retrospectivamente los cambios en la PAS, PAD y PP medias de 24 horas en
pacientes tratados con monoterapia utilizando bien un IECA o un
calcioantagonista. En general estos autores observaron que los IECA
produjeron un mayor descenso en la PAS y en la PP que los
calcioantagonistas, indicando probablemente mayor mejoría en la
elasticidad arterial.
Ting et al20 en un estudio controlado compararon
la actividad de fosinopril frente a atenolol en 73 pacientes con HTA
esencial, valorando la PA ambulatoria y la onda de reflexión arterial a
nivel carotídeo. Tras ocho semanas de tratamiento, para un mismo
descenso en los valores de PA ambulatoria fosinopril redujo más que
atenolol la magnitud de onda refleja de forma significativa.
Egan et al21 compararon la actividad
antihipertensiva y el efecto sobre los barorreceptores de lisinopril y
nifedipina GITS. A pesar de similar reducción en los valores de PAS y
PAD, la sensibilidad de los barorreceptores, medida mediante los cambios
de presión en el cuello con una cámara neumática, aumentó en los
pacientes tratados con lisinopril pero no en los tratados con
nifedipina.
Adicionalmente a estos estudios es interesante resaltar un estudio
realizado por Ibrahim et al22 que aporta una
información complementaria. En 23 pacientes con
HTA esencial la administración de amlodipino redujo de forma
significativa los valores de PA ambulatoria sin modificar la elasticidad
vascular medida mediante eco-Doppler.
En general pues, los fármacos que reducen la actividad del sistema
renina-angiotensina ejercen un efecto sobre las paredes arteriales que
va más allá de la simple reducción en los valores de PA23.
Las ventajas que a largo plazo pueden producir los IECA o los
antagonistas de los receptores AT1 de angiotensina II deberían ser
superiores en términos de reducir el desarrollo del daño vascular que
acompaña a la HTA.
Conclusiones
La importancia de las alteraciones de la elasticidad arterial en el pronóstico
de los pacientes con HTA se ha puesto de manifiesto en los últimos años.
La MAPA que ha facilitado su conocimiento nos aporta información más
precisa sobre el papel de cada uno de los componentes de PA en estos
cambios y en el papel que el sistema renina-angiotensina tiene en la
patogenia de estas alteraciones.
El bloqueo del sistema renina-angiotensina, bien con IECA o con
antagonistas de los receptores AT1 de angiotensina II de larga duración,
mantenido a lo largo de las 24 horas permitirá una mejoría de los
cambios en la elasticidad vascular más allá de la reducción de la PA.
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